sábado, 4 de junio de 2016

Jacinto Convit y la vacuna de la Leishmania

Comienza con una picada de mosquito infectado con un parásito, que rápidamente se aloja en la piel formando una llaga que te va devorando poco a poco. De infectarse la herida, las cicatrices te van a acompañar de por vida.
Se trata de la leishmaniasis, una enfermedad que usualmente no ocupa titulares de prensa, y que ahora puede convertirse en una preocupación mundial por el brote que se está registrando este año entre los refugiados de Siria, que la llevan consigo a los países que los han recibido.
Las autoridades en Medio Oriente advierten que el númeroreal de enfermos puede exceder los 100.000 al año. Frente a este drama internacional, el nombre de un doctor venezolano ha comenzado a mencionarse, como una suerte de escudo protector. Es Jacinto Convit, inventor de la vacuna contra esta enfermedad.

Convit, sinónimo de investigador

Nacido en Caracas en 1913, Convit es conocido más por el desarrollo de la vacuna contra la lepra, una enfermedad que combatió desde el inicio de su carrera como médico.
 Jacinto Convit con el equipo médico del Leprocomio de Cabo Blanco, en Venezuela.Fuente

Graduado en la Universidad Central de Venezuela (1938), y con una maestría en dermatología en Estados Unidos, se fue a trabajar al Leprocomio de Cabo Blanco, en el litoral central de Venezuela.
Esos años le dieron una invalorable experiencia para tratar a los pacientes leprosos, desmontando prejuicios sociales sobre el contagio por convivencia, pero fundamentalmente le sirvieron para emprender numerosas investigación sobre esa enfermedad.
Realizó arduos experimentos para identificar nuevas formas de tratar la lepra y de erradicarla, lo cual llamó la atención de la comunidad científica internacional.
"Aprendí a cuidar a los pacientes desempeñando labores de médico, juez, odontólogo y consejero, que sirvieron ampliamente para enriquecer mi conocimiento sobre la enfermedad y profundizar sobre el aspecto humano de los enfermos", contó en una oportunidad.
Luego de varias pruebas con el único remedio empleado en los pacientes en ese entonces, el aceite de Chaulmoogra, Convit y su equipo pudieron comprobar que el compuesto de Sulfota y Clofazimina actuaba con gran efectividad en contra de este mal, lo que conllevó progresivamente el cierre de las leproserías en Venezuela.

El siguente rival, leishmaniasis

El espíritu investigador de Convit lo llevó, tras su victoria inicial sobre la lepra, a profundizar sus estudios sobre ésta y otras enfermedades endémicas.
 De no atenderse a tiempo, la leishmaniasis provoca lesiones en la piel que duran toda la vida.Fuente

Eso dio origen al Instituto de Dermatología (hoy Instituto de Biomedicina de Caracas), el cual dirigió desde 1972. Ahí logró producir la vacuna contra la lepra, combinando la vacuna de la tuberculosis con el bacilo Mycobacterium leprae. Esa fue la base para desarrollar la vacuna contra la leishmaniasis.
Para Convit, la lepra y la leishmaniasis, compartían aspectos clínicos, histopatológicos e inmunológicos, por lo que sugirió la posibilidad de que se pudiera usar una aproximación similar.
En un estudio sobre 94 pacientes durante 12 meses, el médico logró comprobar la efectividad de su técnica obteniendo 94% de curación en los casos tratados.
Con sendos desarrollos científicos para combatir la lepra y la leishmaniasis, la institución adquirió un nivel de reconocimiento que la convirtió en la sede del Centro Internacional de Investigaciones y Adiestramiento sobre Lepra y Enfermedades Afines de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El efecto de la vacuna contra la leishmaniasis fue notable y Venezuela se convirtió en uno de los primeros países evitar la aparición de brotes epidémicos.
En el 2010, Convit anunció que Venezuela había dado un paso importante con la introducción de la vacuna contra la enfermedad en el noroeste de Argentina y América Central, en un esfuerzo de integración en la región.

Legado de Convit

A lo largo de su extensa carrera Jacinto Convit acumuló muchos reconocimientos. Fue nombrado por la OMS director del Centro Cooperativo para el Estudio Histológico y Clasificación de la Lepra, cargo que desempeñó desde 1971 hasta antes de su fallecimiento.
En 1987 le otorgaron el Premio Príncipe de Asturias, en la categoría científica y técnica.
En la edición de 1988 fue nominado al Premio Nobel de Medicina y en el 2002 la Organización Panamericana de la Salud lo nombró "Héroe de la Salud Pública de las Américas".
Convit murió a los 100 años el 12 de mayo de 2014.

La cara oscura del éxito surcoreano

Cometo el error de hablarles a mis alumnos de Corea del Sur como un caso de éxito. Trato de explicarles con el ejemplo coreano que se puede pasar de ser un país ex colonia de los japoneses, en la primera mitad del SXX, tener una guerra en 1950  a tener un país en la primera línea del desarrollo. La idea positiva es que si se puede pasar del subdesarrollo a la primera línea en dos generaciones. No les cuento que esa evolución ha sido a costa de un sacrificio enorme. Corea del Sur desarrolló su industria dentro del marco de una dictadura que no respetaba los derechos de las personas. Exportación, exportación, exportación fue la consigna durante esos años. Os dejo este artículo de como se trataban a los pobres y desposeídos durante esa "larga noche de piedra".
El surcoreano Han Jong Sun, de 40 años, enseña un autorretrato que lo muestra a él de niño con su número de interno en el Centro de Bienestar del Hermano. Su hermana y él pasaron allí tres años y medio. JAVIER ESPINOSA. Fuente.
En España, durante la dictadura franquista, también tuvimos este tipo de internados.
Tengo un amigo, Valentín Santos, que siendo huérfano de padre su madre no podía mantenerlo y estuvo internado en este tipo de internados. Desde su experiencia corroboraba todo lo que se describe en el artículo
El dibujante Carlos Giménez pasó su infancia en este tipo de internados y retrató las experiencias en los comics "Paracuellos"

jueves, 26 de mayo de 2016

Las familias más ricas ya lo eran hace 600 años

Decía Marx que el capitalismo era algo así como una hidra de mil cabezas. Le cortabas la cabeza a una de ellas y volvía a salir otra. Con esta imagen trataba de decir que la riqueza generaba ricos. Los ricos estaban en donde estaban debido al sistema de acumulación de riqueza capitalista. Si quitabas a un rico otro iba a ocupar su lugar.

Esta tesis era la que sostenía un amigo en la época de universidad. Yo le discutía que no, que las familias ricas creaban una imagen de marca que los protegía durante generaciones....

Hoy dos economistas italianos demuestran que las familias ricas se mantienen en Italia durante 600 años. No dicen como, pero si demuestran que una vez que eres rico es muy fácil mantenerse en ese estatus, y así por generaciones

lunes, 16 de mayo de 2016

Las narrativas sobre quiénes son, son estímulos fundamentales para los creativos

Me ha encantado este artículo escrito, muy bien por cierto, por Gonzalo Toca e ilustrado por David Sánchez en Yorokobu.es


Todos decimos admirar la creatividad y, sin embargo, todos la castigamos de forma implacable cuando cuestiona nuestras creencias. Odiamos la incertidumbre cuando no la provocamos nosotros. Por eso, la sociedad da tantas veces con la puerta en la cara a los creativos y los obliga a superar una educación donde se premian la imitación, la uniformidad y la memorización, y se penalizan la intuición, la individualidad y la diferencia. Los comportamientos distintos y dispersos deben ser corregidos. Ellos deben ser corregidos. Y pronto.

A los psicólogos estadounidenses Valina Dawson y Erik Westby se les ocurrió en 1995 la genial idea de cruzar los datos de los alumnos creativos de una clase y los de los favoritos de los profesores. Entonces descubrieron que los maestros dicen admirar la creatividad, pero prefieren a los niños obedientes. Se comportan como los jefes que esos mismos niños encontrarán cuando tengan que trabajar. El mensaje que reciben desde la infancia es claro: el reconocimiento y la estima de la autoridad dependen de la habilidad con la que ejecutemos sus órdenes. Nos pagan para pensar, no para discrepar.

A pesar de eso, los adultos innovadores son, por lo general, unos niños crecidos que, aunque pasan los años y las décadas, nunca han dejado de jugar e imaginar muchas veces de forma completamente estrambótica colores, objetos, ideas, sabores y hasta sus propias vidas. En el libro Wired to Create, los autores destacan este juego perpetuo como una de las diez grandes características de las personas creativas —en las que está inspirado este reportaje— y dan la voz de alarma. ¿Por qué?

Los colegios han limitado progresivamente el tiempo dedicado a jugar y los padres, cada vez más ocupados, les han añadido actividades extraescolares a los niños donde no hay espacio para fantasear con otros mundos posibles, que es el germen del pensamiento crítico. La vida, y sobre todo el trabajo, es algo muy serio, se dicen los padres, y la fantasía y el placer se reservan únicamente para el ocio (donde, en realidad, les esperan nuevas obligaciones). Nunca tienen tiempo para jugar; por eso nunca tienen tiempo para crear.

Ensimismados

Existe otro aspecto con el que los creativos disfrutan y que también pone en guardia a padres, jefes y profesores: su inagotable capacidad para soñar despiertos. Hablamos de una especie de conexión con el monólogo interior de sus pensamientos y emociones que les permite, sin prisa y sin presión, asociar libremente ideas, buscar enfoques distintos para sus problemas, dar sentido a sus vidas (necesitan imaginar una narrativa que les ayude a explicar quiénes son y qué han venido a hacer a este mundo), planificar el futuro o asimilar experiencias y sensaciones nuevas.

Todo ello se produce en soledad, un aspecto de sus vidas que cultivan en medio de una sociedad híperconectada y obsesionada con la pertenencia al grupo. No tardarán en levantar sospechas y escuchar diversas variaciones de «¿Te crees mejor que los demás?», «¿Tiene su hijo problemas de integración? » o «¿Por qué le das tantas vueltas a todo?».

El peculiar monólogo interior al que nos referimos no tiene por qué ser siempre placentero. Es perfectamente posible que la solución a un problema resulte traumática, que fantasear sobre sus vidas los lleve a la frustración cuando regresan a la realidad o que las experiencias y las sensaciones con las que conecten les provoquen dolor y angustia.

También es importante tener en cuenta que este ensimismamiento se parece al despiste o la falta de atención, y que está muy lejos de serlo. De hecho, las narrativas sobre quiénes son y qué están destinados a conseguir son estímulos fundamentales para que los creativos no pierdan la confianza en sí mismos, venzan a la adversidad e intenten hacer realidad ese destino imaginario.

Los creativos se enfrentan a un mundo que, por lo general, les niega su reconocimiento y a veces también el cariño durante años (¿Te crees especial? ¡Tú no eres especial! ¡Todos somos especiales!). En estas circunstancias, no es extraño que se instalen, como un ruido intermitente en sus vidas, las dudas sobre su talento y originalidad, el miedo a no obtener nada a cambio de su esfuerzo y la angustia que les produce que sus seres queridos vivan preocupados por ellos o que ellos mismos estén exponiendo a sus familias a sacrificios innecesarios por puro narcisismo (¿Tengo derecho a vivir de mi vocación si me impide pagar una buena educación a mis hijos?).

Poner orden en sus emociones, experiencias e ideas es una función igual de importante que la de construir narrativas estimulantes. Los creativos suelen ser personas hipersensibles y especialmente abiertas a probar cosas distintas y eso quiere decir que perciben con más matices e intensidad las situaciones cotidianas, que suelen empatizar más con el resto (o proyectarse sobre ellos inventándose historias y creyendo que los entienden) y que buscan experiencias nuevas que les descubran sensaciones desconocidas. Dicho de otra forma, necesitan mucho tiempo para ordenar sus emociones, experiencias e ideas, porque tienen muchísimas emociones, experiencias e ideas que ordenar.

Una pregunta interesante es cómo, con esta orgía perpetua de excitación, curiosidad y depresión que les despierta la vida, consiguen llevar a cabo un proyecto innovador de principio a fin. La respuesta sencilla es que muchos no lo consiguen y que algunos dejan de poder hacerlo. Un ejemplo de lo primero es esos escritores que nunca terminan de publicar su primer libro, y un ejemplo de lo segundo lo encontramos en esos grupos de música que se echan a perder. Es discutible que tanto en un caso como en el otro se les pueda seguir considerando creativos, porque la creatividad es una actividad, no una capacidad. Los alpinistas son los que suben montañas, no los que pueden subirlas ni los que sueñan con subirlas.

Los que tienen éxito

Las personas que consiguen materializar los proyectos que soñaron lo hacen por tres habilidades distintas: visión estratégica, pasión y capacidad para convertir los estacazos de la adversidad en motivación para seguir adelante.


Se necesita visión estratégica para diseñar un plan ordenado y lo suficientemente flexible para que su voraz curiosidad y vaivenes emocionales no les impidan concretar sus ideas. Si tiene en la cabeza el embrión de una novela o una aplicación móvil novedosa, lo primero que hace una persona creativa es acariciar su belleza, obsesionarse con ella, chapotear en su talento y buena suerte, asustarse con la posibilidad de que alguien se la quite y buscar una estrategia que le permita desarrollarla y darla a conocer antes que nadie. Cada vez son más los que utilizan dos técnicas: la meditación, para concentrarse mejor y reducir su implacable autocrítica; y el cultivo del placer no solo por la creación sino por el —mucho menos emocionante— proceso creativo.

La pasión es la furia que arrastra a los innovadores a obsesionarse con dominar la técnica en la que quieren aportar algo original, la que genera el estado orgásmico de flow que aflora en sus pechos cuando dan a luz la idea, la que impide que se desenamoren de ella en los momentos de tedio y frustración que exige la ejecución de cualquier novedad que merezca la pena y la que los empuja a que la principal vara de medir no sea lo que consiguen los demás, sino la meta que ellos se habían marcado.

La tercera habilidad es, como decíamos, convertir los estacazos de la adversidad en motivación para seguir adelante. Los que no dejan de crear durante toda la vida lo hacen no solo porque las dudas que albergan sobre sí mismos, los portazos en la cara o la intensidad de las emociones extremas no han podido con ellos, sino también porque han utilizado esas dudas, esos portazos y esas emociones traumáticas para convencerse de que han venido a aportar algo único, algo importante, algo que merece ser tenido en cuenta y que, tarde o temprano, se terminará apreciando.

Quizás lo más misterioso de las personas creativas no sea ni la fuente de su inspiración ni su manera de surfear —o de ahogarse ocasionalmente— en la adversidad, los grandes planes o las pasiones extremas. Lo más fascinante es la forma en la que resurgen y sienten sus pensamientos y sus emociones, por dolorosas o alegres que sean, como un continente por explorar, por imaginar, por intuir. Son los exploradores de un pequeño planeta… y ese planeta no es otro que su mirada. Una mirada de infinita curiosidad

sábado, 7 de mayo de 2016

KiVa, un método para evitar el acoso en los colegios que cambia las normas que rigen los grupos

Mi hija Flavia me emociona. Tiene un fino sentido para contarme aquello que es importante. Hoy me habló de un método finlandés para evitar el acoso en los colegios. El punto fuerte de este método, como bien señaló Flavia, es que se involucra no solamente al acosador, a la víctima y a las familias, sino a todo el mundo en el colegio. Si, también a aquellos que con sus risitas de alguna forma están dándole la razón al acosador. Cuando una sociedad, un colegio, una clase, permiten el acoso están degradándose como grupo.

El grupo es muy poderoso. Hay cosas que sólo podemos hacer cuando estamos en grupo. Para lo bueno y para lo malo. Por ejemplo los hinchas de un equipo holandés humillaron a mendigas en Madrid recientemente. Estoy convencido que uno a uno no se hubiesen atrevido a una conducta tan bochornosa. Es lo que tiene el grupo.
Por lo tanto, si queremos acabar con el acoso tenemos que involucrar a todo el mundo en el colegio. Los problemas de grupo se resuelven en grupo. Si mejoramos como grupo también mejoramos como personas.

domingo, 1 de mayo de 2016

Programa para calcular promedio de 5 calificaciones con un arreglo

/*Programa para calcular promedio de 5 calificaciones con un arreglo*/
#include<stdio.h>

void main(void)
{
int i;
float calificaciones[5],promedio=0;

printf("Programa que calcula el promedio de 5 calificaciones...\n");

for(i=0;i<5;i++)
    {
    printf("Dame la calificación %d:  ",i+1);
    scanf("%f",&calificaciones[i]);
    promedio += calificaciones[i];
    printf("\n");
    }
    printf("El promedio es:  %.2f\n\n",promedio/5);

}

Programa C: while e if/else

/*16.- Los organizadores de un acto electoral solicitaron realizar un programa para manejar el conteo de votos.
En la elección hay cinco candidatos, los cuales se representan con los valores comprendidos entre 1 y 5.
El programa debe obtener el número de votos de cada candidato y el porcentaje que obtuvo respecto al total de los votantes.
Se ingresa los votos  de manera desordenada, el final de ingreso de los votos se representa por un cero.
Ejemplo

  INGRESO DE VOTOS:

2 5 4 3 5 1 2 4 3 1 2 4 5 0

2 representa un voto para el candidato2

5 representa un voto para el candidato5

4 representa un voto para el candidato4*/

#include<stdio.h>

void main(void)

{
int votos=0,cont1=0,cont2=0,cont3=0,cont4=0,cont5=0,totalVotos=0;
float prom1=0,prom2=0,prom3=0,prom4=0,prom5=0;

printf("Introduzca su voto: ");
scanf("%d",&votos);

while(votos>0)
{
if(votos==1)
    {
        cont1++;
    }
    else
        if(votos==2)
            {
                cont2++;
            }
            else
                if(votos==3)
                    {
                        cont3++;
                    }
                    else
                        if(votos==4)
                            {
                                cont4++;
                            }
                            else
                                if(votos==5)
                                    {
                                        cont5++;
                                    }
                                    else
                                        printf("\nEl voto está fuera de rango");

printf("\nIntroduzca su voto de nuevo: ");
scanf("%d",&votos);


}
totalVotos=cont1+cont2+cont3+cont4+cont5;

prom1=cont1*(100/totalVotos);
prom2=cont2*(100/totalVotos);
prom3=cont3*(100/totalVotos);
prom4=cont4*(100/totalVotos);
prom5=cont5*(100/totalVotos);
printf("\nVotos del candidato 1 y porcentaje: %d %.1f",cont1,prom1);
}

viernes, 29 de abril de 2016

¡Qué mal gestiona las señas de identidad la izquierda!

Cuentan que en el parlamento inglés, en un principo, los liberales se sentaban a la derecha. Los conservadores se dieron cuenta de que la gente empezaba a asociar "Right" derecha en inglés, pero también correcto, con esa tendencia política. Rápidamente movieron hilos para ocupar ellos los bancos de la derecha. Es por eso que hoy en día izquierda y derecha en política tiene ese significado.
La izquierda gestiona muy malamente las señas de identidad, es por eso que hay tanto baile de siglas. Si no gestionas bien las señas de identidad no puedes disfrutar de un territorio.

Las personas de derechas no tienen que trabajar con demasiadas señas de identidad, unas pocas bastan. Eso les permite no tener que perder tiempo justificándose y centrarse en lo importante: el dinero, los contactos y disfrutar de las oportunidades que están vedadas a los otros.
 Apolítico, total, de derechas como mi padre

Muchas veces no tienes ni que decir que eres de derechas, basta con que tus comportamientos lo sean para que seas aceptado en el grupo. Tu puedes decir que eres de izquierda, que si tienes tu rolex, tu Mercedes, tu buena casa, tus contactos, tu negocio que lo gestionas igual que lo gestionan ellos... pues bienvenido al grupo. El primer requisito es demostrar que sabes gestionar tu territorio. Ese es el primer mandamiento de esta peculiar definición política. Luego están los otros... que se pueden llamar como quieran. Siglas sin territorio ¡Quién las quiere!.

De los movimientos de izquierda, los comunistas, fueron los que mejor gestión hicieron de sus símbolos. En el Manifiesto Comunista de C. Marx se define y se promete un territorio a quienes abracen la causa. Se explica en ese librito que es como un pequeño catecismo, que es completamente inevitable que el espacio político sea poseído por los de la hoz y el martillo. Una dialéctica de "los muertos los pones tu o los pongo yo". En este caso se demostraba que a la larga eran los otros los que se verían excluídos del espacio político.

En esta dinámica de grupo, la selección opera exclusivamente sobre el individuo. Es el individuo el que a través de la explotación de las señas de identidad puede disfrutar de las ventajas de la pertenencia a ese grupo. El grupo en si poco importa. Por ejemplo el desmoronamiento de la URSS. De repente aquellos aparatich comunistas, miembros del poliburot, de la KGB etc ya no podían disfrutar de sus prevendas asociados al partido comunista. 

In Hoc Signo Vinces

Este grupo levantó la vista y vieron en al nacionalismo ruso, a la iglesia ortodoxa, los símbolos que les conducirían a continuar detentando el poder como lo habían hecho siguiendo ciegamente la ortodoxia del partido comunista. Y ahí los tenemos, directamente del KGB a la presidencia de la Federación Rusa.
De la hoz y el martillo a la cruz ortodoxa. Un viaje en donde la pertenencia del territorio se ha mantenido
Este tipo de vicisitudes, en donde la política te obliga a cambiar de la noche a la mañana de señas de identidad de una manera bastante cómica la podemos ver en la fantástica película basada en el libro homónimo de Bohumil Hrabal "Yo que servía al Rey de Inglaterra". En este libro el personaje, un pícaro que aspira a ser millonario, se da cuenta de que la explotación de las señas de identidad es fundamental para la pertenencia a ese grupo. Pero hay algo que no encaja, algo que no sabe hacer bien. Es quizás ese DESEO de pertenecer al grupo lo que el grupo de millonarios detecta como algo que NO ES  de ese grupo. Por tanto, a pesar de que ha llegado a tener tanto dinero como ellos y sus maneras son iguales a las de ellos los millonarios nunca lo aceptan como uno más. Es un wannabe, un pretendiente. No se ha dado cuenta de que le falta algo esencial. No es el dinero, no son las maneras, ni siquiera las señas de identidad. Lo que muestra veladamente el libro es que esos millonarios detentan un territorio. Es el territorio, es el territorio, es el territorio, y el protagonista, el pícaro nunca ha puesto ese variable en su ecuación al éxito. Quien define un territorio gana el juego. La seña de identidad tiene que ir asociada a un territorio, necesariamente. Si tu pides aceptación entonces es que no has entendido nada. Nadie es aceptado cuando pide ser aceptado. La aceptación viene cuando has demostrado la pertenencia de ese territorio como algo tuyo. En ese momento eres uno de ellos.

viernes, 15 de abril de 2016

Alexandre Finisterre: poeta, anarquista, inventor del futbolín

Por su interés reproduzco este artículo firmado por Marcos Pereda en La Voz del Sur:

Alejandro Finisterre tuvo varios nombres, siete vidas, mil amores, una sonrisa triste y una biografía tal que si alguien quisiera escribirla le tacharían de fantasioso. Tuvo, también, la felicidad en su mente y en sus manos cuando un día se le ocurrió crear la magia de traer el fútbol a un salón para aquellos niños a quienes la guerra les impedía correr. Tuvo versos, aviones, exilios y saudades. Tuvo cenizas de cigarros consumidos a ambos lados del Atlántico, ideales inquebrantables y palabras con las que juguetear cuando se le ponía triste el alma. Tuvo todo eso, claro, y a su Galicia atlántica y feroz en el mirar, a su mar salado de erizos esquivos, a sus bosques de beleño, de cagigas, de piedras mágicas. Era, fue, una leyenda. La leyenda de un hombre al que, entre otras cosas, se le ocurrió inventar el futbolín.

O no. Porque igual para quien fue poeta, editor, profesor…, anarquista, académico de la Real Academia Gallega, libre, siempre con una historia en la boca…, .igual para él, digo, inventar algo era una grosería. Un hurto al Destino, al mundo, al mismo éter que viaja lleno de ideas. Que inventen ellos, quizá, pero nosotros lo mejoraremos. Y así lo hizo con el futbolín. Lo perfeccionó para que dejara de ser solamente un juego de reflejos, de fuerza, casi de suerte. Para que se convirtiera en un pequeño arte de la técnica y del engaño, en el espejismo del no ser aunque sea. Exactamente igual que el mismo Alejandro.
Lo de sus nombres tiene una explicación más sencilla.  Nació como Alejandro Campos Ramírez en 1919, en el fin del mundo gallego, y más tarde hizo que lo llamaran Alejandro Finisterre, o Alexandre de Fisterra, en aquel idioma que tanto amó y al que tanta música acabó regalando. Y es que si el hombre es libre, y Alejandro siempre pensó que el hombre era libre, ¿por qué no iba a poder llamarse como deseara? Fue su primera transgresión. No sería la última.
Escaseaba el dinero en casa de los Campos, zapateros de La Coruña, así que toda la familia decide viajar a Madrid en busca de fortuna. Pero la suerte es esquiva, y en aquella selva de grises, tan diferentes del azul y el verde de sus primeros pasos, Alejandro empieza a ver las mezquindades de los hombres, las injusticias de la Historia. Tienen tan pocas monedas que el chaval apenas puede pagarse el Bachillerato, y se saca unas perras corrigiendo los trabajos de alumnos de cursos inferiores. Suda como peón de albañil, y también en una imprenta que lo marcará profundamente, con su olor, con el sonido atronador pero dulce de los tipos móviles. Ya nunca más querrá salir de entre las letras Alejandro, ya nunca. Y es allí, en Madrid, donde conoce al gran amigo de su vida. León Felipe Camino, poeta zamorano, la voz en el exilio antes de ser exiliada. Será Alejandro quien organice al joven León su primer recital poético, en 1936. Serán inseparables en España. Se volverán a encontrar en América, décadas después. Y, entre medias, el horror.

Porque eran tiempos duros, claro, esos de los años 30. De violencia soterrada que se convirtió en violencia grotesca, obscena. De intranquilidad, toques de queda, llamadas a las puertas en mitad de las noches. De recuerdos y olvidos. Y, al fin, de guerra, de guerra cruenta, de heridas que se abren para no cerrar jamás. Alejandro, ya Finisterre, tiene solo 17 años cuando en noviembre de 1936 un bombardeo de los fascistas le deja sepultado entre las ruinas de un edificio. El cuerpo destrozado como el de una marioneta sin cuerdas. Aun tendrá suerte, a su alrededor surgen muertos con ojos que cenicientan cubiertos por el polvo. Lo trasladan a Valencia, viaje de drama en aquellas carreteras que no eran carreteras, en aquella tierra a la que se le había olvidado el respirar. Sus heridas son graves, ha perdido mucha sangre, allí no lo pueden atender. De Valencia lo mandan a Puig, cerca de Montserrat, una colonia de asistencia y recuperación en la que se seguía un régimen de vida prácticamente libertario. Y es aquí donde empieza la leyenda, la que acompañará siempre a Alexandre de Fisterra hasta su muerte. Una de ellas, se entiende.

Qué guapa es Núria, y con qué gracia toca el piano. Sus dedos deslizándose por entre las teclas, su boca entreabierta, sus dientes de nácar que juguetean a asomarse de vez en cuando. Qué guapa es Núria, y cuánto le gusta al joven Alexandre. ¿Será esto el amor? Si no lo es, se parece mucho a eso de lo que hablan los poetas. Pero cómo podría conseguir él, un muchacho flaco y desgarbado, con cerrado acento gallego, que la guapa pianista se fijase en sus ojos. Porque cuando las miradas se cruzaran estaba seguro de que todo iría bien. Lo sabía. ¿Cómo? Y Alejandro pone a discurrir sus meninges. ¿Qué es lo que más le gusta a Núria? Tocar el piano. Pero él no puede comprarle un piano. ¿Entonces? Ya sé, a veces ha sorprendido a la ninfa gruñendo en silencio (porque las hadas, aunque gruñan, lo hacen siempre con encanto) por tener que dejar de arrancarle estrofas al instrumento para pasar las páginas de la partitura. Quizá… quizás… Dicho y hecho, Alejandro inventa el primer pasahojas de partituras que se mueve con los pies. La encantadora Núria se lo agradece con retazos de besos furtivos. Él es feliz. Patentará el invento a principios de 1937, junto con otra de sus creaciones. Nada menos que el futbolín…

Alexandre ha quedado cojo, la guerra se le ha llevado el andar de verbena (fue bailarín de claqué en tiempos) y ha dejado un ritmo melancólico. No es el único. En el hospital hay un montón de chavales lisiados que apenas pueden levantarse de sus camas. Allí todos ayudan, todos tienen que echar una mano. A Alexandre le dicen que se encargue de los más pequeños, ya que él es el mayor de los infantes, el menor de los adultos. Y lo hace, les organiza siguiendo doctrinas educativas del anarquista Ferrer i Guardia. Pero los chavales tienen tristeza en el alma. Ellos quieren jugar, quieren jugar al fútbol, el esperanto está muy bien, pero lo que de verdad desean es pegarle patadas al balón. Algunos se lo dicen y justo después bajan la mirada, avergonzados. Patadas con qué. Niños de la guerra, cuerpos truncados. Así que Finisterre, su hermano mayor, decide que todos podrán jugar al fútbol. Y vuelve a pensar.

En realidad la idea del futbolín estaba en el aire desde finales del siglo XIX, cuando diversos inventores habían patentado juegos similares en Gran Bretaña o Alemania. Pero lo que hace Finisterre es genuinamente ibérico: le proporciona un toque de picaresca. Hasta entonces los jugadores eran de plomo y macizos, con las piernas juntas, apenas conos pintados. Y Finisterre le da una vuelta. Sus futbolistas serán de madera de boj, la pelota tendrá el suave tacto del corcho, y, además, las figuras separarán sus piernas. Lo que era un juego que consistía en tirar fuerte y tener reflejos torna a competición de astucia y engaño. La idea surge de forma natural en el lapicero de Alexandre. Se la pasa al ejecutor de sus inventos, un carpintero vasco llamado Francisco Javier Altuna. Los chavales ya tienen su fútbol de salón. Fisterra vuelve a sonreír.

Patentará el invento, como dijimos, en 1937, pero esos papeles no duran demasiado. El triunfo franquista lo empuja a Francia, en un viaje a pie por mitad de los Pirineos bajo una tormenta que se disfrazaba a ratos de alegoría. Su petate era ligero, una lata de sardinas, dos obras de teatro y las patentes de sus inventos. El agua, la lluvia, hizo que a suelo francés solo llegaran las sardinas. Había perdido su trabajo de años. Casi una década después, en París, ve su invento, su futbolín, en el escaparate de una juguetería. Se pone en contacto con el fabricante, más tarde con la Asociación Internacional de Refugiados, y logra una compensación escasa, magra. Suficiente, no obstante, para dar el salto a América. Europa le aburría, iba a viajar al Nuevo Continente. A reunirse con su amigo León Felipe. A seguir siendo una de las voces más críticas, más lúcidas, del exilio gallego. A declamar versos en aquel idioma de atlánticos y helechos más allá de todas las olas, de todas aquellas que se terminan en su Finisterre querida.

Y allí empieza otra vida de las muchas de este gallego universal. Porque en Ecuador, en Guatemala, en México, fue mil cosas. Fue editor, antólogo, poeta, publicista. Fue escritor, amigo y amante. Fue académico de la Lengua Galega, fue secuestrado por agentes franquistas en Guatemala que querían traerlo de vuelta a España para juzgarlo, por rojo, por anarquista, por poeta. Fue alguien que, en aquel avión que lo llevaba a una patria que ya no sentía como suya, se refugió en el servicio, moldeó la pastilla de jabón, y salió de allí diciendo que tenía una bomba, que la haría detonar si el aparato no se desviaba y lo dejaba en algún lugar seguro. Nada menos. Y aterrizó en Panamá, claro, porque si algo fue Alexandre Fisterra durante toda su vida es un hombre de recursos. Tantas cosas fue. Tantas.
Eso, y el inventor del futbolín. Casi nada.

martes, 12 de abril de 2016

Individualidad: identidad y territorio

La identidad es importante para mantener un territorio. La individualidad es un territorio y una identidad. Cuando la individualidad se divide aparece el conflicto.
Cuando las gemelas idénticas, June y Jennifer Gibbons tenían tres años de edad, comenzaron a rechazar la comunicación con las personas a su alrededor. A medida que crecían, el amor, el odio y el genio, las unían para empujarlas a los márgenes extremos de la sociedad
Hay personas que se sienten siempre fuera del territorio. El territorio como espacio de pertenencia común. El pícaro de las novelas de picaresca española nos habla de esas personas con astucia para colarse en un ambiente, en una clase social a la que no pertenecen, pero que a la larga son excluídos por no exhibir algunos elementos sutiles pero necesarios. La película "Barry Lyndon" de Kubrick narra la ascensión y caída de uno de estos pícaros, en este caso en un ambiente de lores ingleses.

Los árboles también marcan un territorio en sus copas como se puede observar en este video: 




sábado, 9 de abril de 2016

Padres que crecen con sus hijos especiales

Hace unos días publiqué un post sobre un artículo sobre la familia Martinón Torres, siete hermanos exitosos académicamente de Ourense que se criaron en una casa con 20.000 libros. Los libros parecen clave en el éxito académico. Para compensar tanta brillantez y autosatisfacción recomiendo el libro de Kenzaburo Oé "Un amor especial" y el documental "María y yo" sobre padres que han crecido con hijos especiales (bueno, todos los hijos lo son)
De el libro de Kenzaburo Oé extraigo el siguiente comentario:

"A un nivel más personal, imagino un ejemplo muy concreto de lo que le sucede a una sociedad que excluye a sus minusválidos, preguntándome cómo nos habríamos vuelto nosotros, los Oe, si no hubiéramos hecho de Hikari un miembro indispensable de nuestra familia. Imagino una casa sin alegría, en la que soplarían frías corrientes a  través de las grietas dejadas por su ausencia y, después de su exclusión, sería una familia con unos vínculos cada vez más débiles. En nuestro caso, sé que sólo gracias a que incluimos a Hikari en la familia, conseguimos capear nuestras diversas crisis, tales como el gradual declive mental de mi suegra".


Frente a las experiencias del dibujante Miguel Gallardo, o de Kenzaburo Oé, están las de otros padres que no pudieron asumir que sus hijos no eran lo que a ellos les hubiese gustado. Por ejemploArthur Miller que escondió públicamente la existencia de Daniel Miller, su hijo con síndrome de Down, que no parecía ser compatible con su vida de dramaturgo e intelectual de referencia. Ni siquiera lo menciona en su libro de memorias, Timebends. 

Sin embargo, seis semanas antes de morir, a los 89 años, Miller quiso enmendar 40 años de ausencias y decidió incluir a Daniel en su testamento, repartiendo su riqueza a partes iguales entre sus cuatro hijos (además de Rebecca y Daniel, también fue padre de Jane y Robert, fruto de su matrimonio con Mary Slattery).

Daniel, quien llegó a participar en los Juegos Paralímpicos compitiendo en categorías como esquí y ciclismo, creció solo en diferentes instituciones y no conoció a su padre hasta 1995, cuando durante un acto público en el que el escritor iba a hablar en defensa de un discapacitado mental acusado de asesinato, Daniel subió al escenario y abrazó a Miller.

domingo, 3 de abril de 2016

Los siete hermanos que se criaron con 20.000 libros

Reproduzco esta entrada del periódico El País (Haced clic para entrar en el artículo) en donde se habla de siete hermanos, todos brillantes y exitosos, y de la biblioteca familiar de 20.000 volúmenes.

Conocí al pediatra Federico Martinón en una charla que dio en un bar en Santiago de Compostela, dentro del círculo de charlas del grupo de Escépticos de esa ciudad. Una charla de divulgación a favor de la vacunación, criticando a los estúpidos que no vacunan a sus hijos. Un tipo brillante. Durante el artículo dice: "En medicina, si no estudias estás abocado a la mediocridad. Pero, sobre todo, tus pacientes estarían abocados a la mediocridad de su médico". 

Es importante para el éxito académico la existencia de una biblioteca familiar, por eso os animo de corazón a que compréis libros, a que disfrutéis viendo como la biblioteca crece en los anaqueles.


sábado, 2 de abril de 2016

San José: el santo cabestrón nos muestra la debilidad del varón en el Mediterraneo

Por su interés reproduzco el artículo de Rubén Amón en El País:



Más que el Día del Padre, tendría sentido celebrar el día mundial de padre o el día del orgullo paterno. Quedaríamos así los padres reflejados en categoría precaria y reivindicativa, víctimas como somos del complejo de San José.

Me refiero al papel accidental que representa el carpintero en el portal de Belén. Es un padre alquilado, un figurante sin linaje divino y un antecedente que explica la posición gregaria del padre en la cultura mediterránea. Provenimos los padres de un santo cabestrón al que han prestado el halo para no deslucir la iconografía metafísica.

Es la paradoja de la cultura machista. El hombre abruma con su testosterona, sus manazas y sus privilegios, pero el padre se resiente de una posición embarazosa en el espacio doméstico. Se lo leí al escritor François Caviglioli en un libro bastante original que matizaba la diferencia entre reinar y gobernar. Por eso decía que el patriarca bíblico, el pater familias latino, el sultán otomano, el capo siciliano, el señorito cordobés, carecían de prestigio y hasta de atribuciones en los inescrutables espacios domésticos. No digamos ya en los matriarcados mediterráneos ni en la prolongación de Nueva Jersey que representa el caso de Tony Soprano.
Típico meme que circula por Facebook

El padre es la víctima experimental de la pinza que le proporcionan las alianzas materno-filiales a costa de la aureola de hojalata que concede la tradición a la figura testimonial de Don José. Sus atributos, los del santo, valen tanto como los de la mula y el buey, criaturas ambas, recordémoslo, incapacitadas para procrear.

“Que papá no se entere” podría convertirse en el aforismo fundacional o recurrente de nuestros hogares. Es el contrapeso de las culturas metaviriles y la razón por la que los padres del Mediterráneo, de Algeciras a Estambul, como canta Serrat, hombres solos en compañía de hombres solos, se entretienen en el ágora, en el foro, en los cafés y en las tabernas portuarias, esperando que los niños se vayan a la cama, retrasando el momento de quitarse el disfraz de superhéroe en el umbral del hogar, o cruzándolo de puntillas. Una vez dentro de la extraña fortaleza, el padre, como le sucede a San José en la claustrofobia del establo, se desempeña con extraordinaria torpeza, expía el absentismo con las miradas recriminatorias, ignora los códigos familiares, se desplaza sin brújula, escapa a comprar cigarrillos cuando puede -incluso cuando no fuma-, castiga a destiempo a la prole y la premia sin razón, incluso se expone a la emboscada parricida con que el mito de Edipo se arraiga en nuestra cultura.

Mark Twain nos muestra el camino: cuidado con los pasajeros indeseados

El primer libro me lo regaló mi padre. Se trataba de una edición de Bruguera de Huckleberry Finn de Mark Twain, una edición abreviada para niños. La mitad de las páginas eran de texto y la otra mitad comic. Tenía seis años y ese fue el primer libro con texto, no infantil. Recuerdo leerlo con indignación cuando Mark Twain narra el viaje de Huckleberry y el esclavo Jim camino de los estados del Norte en donde no existía la esclavitud. Su viaje se ve retrasado porque acogen a dos tahures en su balsa. Los tahures se dan cuenta que es extraño un esclavo negro y un muchacho navegando por el Mississipi. Enseguida empiezan a sacar partido de esa situación. Huckleberry y Jim no se dan cuenta al principio porque de alguna manera empatizan con los dos polizones, sin embargo estos dos sujetos los están retrasando en su viaje e incluso los están poniendo en peligro.

Pasajeros indeseados. No han sido personas hostiles las que más me han apartado de lo que deseaba hacer, han sido esos pasajeros indeseados que sin ser molestos, siendo incluso "amigos", conseguían que acabase haciendo cosas que en principio ni me apetecía ni tan siquiera me había imaginado hacer.