Se encuentra a la derecha de la entrada principal, siendo la primera pintura que recibe al visitante, lo que no es casual: su función era moralizante, un recordatorio inmediato del destino de los pecadores.
Me hacía gracia que uno de los oficios que se encontraban en el infierno era el del de registrador de la propiedad. El autor, del siglo XVII, no llegó a conocer la ANECA, si no hubiese añadido un nuevo penitente como "Evaluador de la ANECA".
El evaluador de la ANECA está reflejado en el chiste del remero incompetente.

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