Que España es un país cabrón eso lo sabemos bien los que hemos trabajado fuera. Te das cuenta enseguida lo que supone para un país que el dictador fascista muriese en la cama: legitimación. Lo fascista todavía se legitima en nuestra sociedad.
Después de colaborar gratis dos años en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología en A Coruña me contrataron mediante una empresa externa: Vendex. Tan pronto entré a trabajar supe que no quería quedarme allí. Detalles como que se me negase un taburete para sentarme mientras vigilaba las salas (se me recordó que en el pliego de condiciones del contrato se hacía referencia a que debíamos ser resistentes a estar de pie varias horas) el salario escaso me decidieron a dejarlo. Estuve tres meses que coincidieron con la inauguración del museo y para mi fueron tres meses muy interesantes desde el punto de vista divulgativo. Pero estar de pie en las salas no era lo mío (una vez pasada la inauguración el museo no lo visita nadie) y lo dejé. Hoy esta empresa está siendo investigada. Por favor, pasen y vean
El grupo Vendex, una «agencia de empleo»
La jueza Pilar de Lara investiga si la concesionaria funcionaba como un organismo de colocación de personas próximas a cargos municipales
La jueza Pilar de Lara lleva al menos desde el 2011 con la lupa puesta en la relación entre el grupo empresarial Vendex y el Ayuntamiento de A Coruña. Las sospechas de amaños en los contratos municipales con esa firma han derivado en la instrucción de la denominada operación Pikachu, pieza separada de la Pokémon que suma ya, solo en A Coruña, 19 imputados. El martes declararon dos y mañana lo hará, entre otros, el primer teniente de alcalde de la ciudad, Julio Flores.
Por lo que ha trascendido de las declaraciones ante la jueza de Lugo, todo apunta a que en A Coruña no circulaban los sobres con dinero -al menos no lo hacían con profusión- sino que los presuntos favores se pagaban de otra manera: con regalos caros y, sobre todo, enchufando en las empresas del grupo al personal que le indicaban desde determinados círculos de poder en María Pita.
Hacia los enchufes de amigos y familiares de funcionarios, ediles y asesores se han dirigido las últimas investigaciones. De Lara está tratando de aclarar un complejo árbol genealógico que arranca en el Ayuntamiento y se ramifica por firmas como Sermasa y SAU, filiales del grupo.
Presuntos enchufes de esposas y maridos -con salarios de hasta 3.000 euros al mes- y de otros recomendados en diferente grado de parentesco forman parte de la investigación que instruye la jueza y sobre la que pesa el secreto de sumario.
Entre las costumbres de la empresa figuraba, por ejemplo, el envío, en Navidad, de lujosos regalos a determinados responsables municipales. Viajes gratis para funcionarios y hasta obras de reforma de algún domicilio están en los expedientes que se guardan en Lugo.
Una larga historia
Lo que De Lara investiga ahora no es nada nuevo para quienes trabajaron de cerca con las firmas de Vendex. «¿Alguna vez se vio un anuncio de empleo de esa empresa? Todos entraron aquí por enchufe, yo también», relata una exempleada de una de las filiales que pide mantener el anonimato. Apunta, además, que el interés que despertaba el grupo entre algunos altos cargos estaba menos relacionado con posibles mordidas que con otra característica: «Eran obedientes, contrataban y despedían a quien le mandaban», cuenta.
Esa forma de actuar comenzó, presuntamente, hace años, pero la jueza no circunscribe sus investigaciones al pasado remoto. Buena parte de las imputaciones están relacionadas con hechos ocurridos después del 2011, si bien se han hecho preguntas en sede judicial por actuaciones que se remontan hasta el año 2003.
Entre el personal del Ayuntamiento los había que, presuntamente, además de recibir regalos gozaban de viajes privados gratuitos y en algún caso hasta de servicios de limpieza en sus domicilios a cargo de empresas que tenían contratos con el consistorio.
De Lara lleva tiempo preguntando a los imputados por esos posibles regalos y por las listas de personal a fichar a dedo desde María Pita, unos listados, indican fuentes del actual gobierno local, que llegaron a circular con alegría en otras épocas por el palacio municipal.
La catedral de Segovia en un principio sólo tenía un altar. Un cura y un sacristán se hacían cargo de las misas. Los pueblos de los alrededores pagaban un diezmo para el manteniento del templo. Con el tiempo en cada recoveco se instaló una capillita. Cada capillita tenía su cura y su sacristán. Todas vivían de los diezmos de los pueblos de los alrededores. Luego se puso el coro, con el maestro de coro... y el organista... los que se encargaban de los cirios, las flores... En sus buenos momentos "trabajan" 2000 personas en esa catedral. La catedral de Segovia no es una excepción. Lo que aquí sucedió, y me contaron, se puede extrapolar a todas las catedrales españolas. Si vemos el plano de la catedral vemos que los números 1,2,3,4,5,7,8,9,10,11,13,16,20,21,22,23,24,25,26,y 27 corresponden con las capillas de la catedral. En total 20 altares. Cada altar estaba separado del "publico" con una verja. El coro también tenía una verja.
¿A que se parece a la situación española actual y sus miles de organismos públicos?
Me ha impresionado este artículo de Santiago Alba Rico. Da igual que sean ejecutivos de una empresa o postdoctorales de un departamento. La lógica es la misma
Para
comprender lo que es la literatura basta con escuchar una conversación
entre desconocidos, desde la distancia de otra mesa, en un café o en la
antesala de un médico. Siempre hay algo solemne, ridículo, teatral, en
las palabras más banales y sinceras que se intercambian dos personas
cuya vida no conocemos desde dentro, cuyos discursos no hemos trenzado
con los nuestros. Todos los desconocidos son personajes de ficción o
muñecos de guante, movidos trabajosamente por clichés que asoman muy
visibles, como hilos y cartones, bajo la ropa. Pero nosotros, en cuanto
que desconocidos para los desconocidos, no somos tampoco más profundos o
singulares. Por eso, para averiguar lo que somos, para comprender el
mundo en el que vivimos, es muy bueno reducirlo a sus engranajes comunes
-a una especie de maqueta a escala- y para eso nada mejor que
sorprender una conversación entre desconocidos en un local público.
Hace unos días, en Barcelona, mientras cenaba en un restaurante popular
del Rabal, me quedé prendado de la conversación de cinco jóvenes
desconocidos que comían en la mesa de al lado. Eran cinco jóvenes
“emprendedores”, como los nombra el lenguaje de la crisis, que
trabajaban en una empresa multinacional con distinto grado de
responsabilidad. Habían bebido y comido copiosamente y trataban al viejo
camarero con desenvoltura y superioridad mientras se intercambiaban
-tres mujeres y dos hombres- bromas un poco picantes de un convencional y
rutinario machismo. Su aplomo y seguridad, y el placer de esa cena
compartida, se fundaba en el privilegio de su situación: tenían trabajo
y, a juzgar por la ropa y el menú, bien remunerado. De hecho, sólo
hablaban del trabajo: chismes sobre jefes y compañeros, viajes de
negocios, diminutos agravios y esperanzas de promoción. Lo primero que
me llamó la atención fue, en efecto, la pequeñez casi solipsista del
mundo en el que se movían sus vidas y su conversación. Lo que compartían
entre ellos sólo lo compartían entre ellos. Por más asombroso que
parezca, en 50 minutos no pronunciaron una sola frase lo suficientemente
general -ni siquiera de fútbol- como para que cualquier otro ,
desde fuera, hubiera podido intervenir para asentir o disentir. No hay
conversación más privada -privada en todo caso de sentido general- que
la que habitualmente desarrollan los trabajadores de clase media del
sector terciario capitalista: ninguna secta, ni siquiera la de un
partidito de la izquierda argentina o madrileña, alcanza ese nivel de
especialización acósmica, sin mundo, propia más bien de los protozoos y
los coleópteros.
Compartían claves secretas, a modo de antenas o
tentáculos, y compartían también -digamos- una filosofía de la vida. El
más veterano de todos ellos, un hombre que se jactaba trágicamente de
tener casi cuarenta años, la expuso en pocas palabras ante el silencio
reverencial de sus amigos: “Si no te crees lo que estás haciendo no lo
haces bien. Como persona y padre de familia, necesito creer que la
empresa para la que trabajo es la mejor del mundo. Aunque produzca
veneno para ratas o armamento nuclear, necesito convencerme de que es la
mejor de su sector. Si no consigo convencerme, no hago bien mi trabajo;
no consigo vender ni veneno para ratas ni armamento nuclear. Tiene que
haber algo detrás. Somos humanos”. Una ambición de excelencia, un
prurito de calidad, la droga de un compromiso emocional, este pequeño
ejecutivo de una compañía comercial reivindicaba la forma abstracta de
la moral humana, al margen del contenido, como una necesidad afectiva a
la que ningún trabajador debía renunciar y sin la cual, sobre todo,
ningún negocio o empresa podían triunfar. El capitalismo, digamos,
funciona -y produce grandes beneficios selectivos- gracias a esta fe
irónica o postmoderna, tan seria como la del catolicismo, de los que
necesitan un “compromiso moral” para cumplir una orden: “Como no puedo
hacer nada en lo que no crea, me tomo una píldora de fe cada vez que mis
jefes me ordenan algo”. Este es un poco el secreto psicológico de todos
los genocidios, como bien supo ver Hannah Arendt al analizar los
crímenes del nazismo: una especialización acósmica sostenida por el
deseo de seguir siendo humanos. El mundo siempre se destruye desde fuera
de él y en nombre de una ética.
Los cinco jóvenes
“emprendedores”, a la distancia de una mesa, eran actores, personajes de
ficción, marionetas movidas por clichés que ellos no veían bajo su
ropa. Creían estar viviendo y divirtiéndose cuando en realidad estaban
ilustrando un tipo humano (como yo hubiese ilustrado otro, sin duda, si
hubiesen vuelto la cabeza para mirarme). Es un tipo humano que quizás no
ha existido nunca antes en la historia, el de una clase media surgida
en la post-guerra mundial en Europa, ni conservadora ni reaccionaria,
que no se define por su inscripción concreta en el ámbito de la
producción sino por su “común y radical falta de mundo”. Por un lado,
estos “emprendedores” han visto roto todo vínculo con la tierra, con el
agua, con el aire y con el fuego, pues en el terreno laboral sólo
mantienen lazos concretos con los mediadores humanos de una estructura
abstracta, mediadores en los que vuelcan precisamente toda su necesidad
de “humanidad” y en los que sacian todas sus nostalgias morales. Por
otro lado, disfrutan de un ocio proletarizado y estandarizado a través
del acceso a mercancías baratas o, para decirlo con Pasolini, de ese
“hedonismo de masas” postmoderno que ha disuelto todas las membranas de
la cultura popular. El resultado es la figura del “rehén consumidor”,
fiel a su jefe (cuando encuentra uno) y “soltero” de todo compromiso que
vaya más allá de su cuerpo: una combinación, si se quiere, de perverso
voluntariado guevarista al servicio de Monsanto o el Banco de Bilbao y
de incapacidad deleitosa para las representaciones generales.
En un momento en que Europa se derrumba en un proceso parecido al de los
años 30 del pasado siglo, no podemos eludir la cuestión. ¿Qué monstruo
surgirá de la descomposición de esta nueva clase media? Las repeticiones
nunca son mecánicas y jamás ponen en juego las mismas variantes y
factores. Si se avecina un nuevo fascismo no será igual al de Mussolini y
Hitler. A diferencia de lo que ocurría en 1933, hoy la izquierda
europea es muy consciente de los peligros pero carece de los medios para
conjurarlos, incluido el análisis de clase ajustado a la nueva
situación.
El la mesa de al lado siempre se representa en tono
jocoso la tragedia de nuestra época. Da un poco de miedo pensar en estos
jóvenes felices, necesitados de fe, estremecidos de desorientada
humanidad, el día en que no puedan pagar la cuenta del restaurante y no
tengan un jefe de ventas al que admirar.
El británico Alan Turing, considerado el padre de la informática moderna y que ayudó a descifrar el código Enigma alemán durante la Segunda Guerra Mundial, recibió hoy un indulto póstumo tras haber sido condenado en 1952 por ser homosexual.
A sugerencia del Gobierno, que actuó impulsado por una petición popular, la reina Isabel II ha concedido el perdón a Alan Turing, que, además de su condena de 61 años por prácticas homosexuales, fue castrado químicamente. Elmatemático birtánico murió en 1954, a los 41 años, envenenado con cianuro. Aunque el forense determinó suicidio, su familia y biógrafos siempre han mantenido que fue un accidente. Su condena le obligó a abandonar su trabajo en el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, centro de escuchas), al que se incorporó tras trabajar durante la guerra en Bletchley Park -mansión en Inglaterra dedicada al análisis de códigos-. «Alan Turing fue un hombre excepcional con una mente brillante», afirmó hoy el ministro de Justicia, Chris Grayling, que fue quien pidió a la soberana que emitiera el indulto al amparo de la Real Prerrogativa de Misericordia. «Su brillantez se puso de manifiesto en Bletchley Park durante la Segunda Guerra Mundial, donde fue fundamental para descifrar el código Enigma, contribuyendo a poner fin a la guerra y a salvar miles de vidas», añadió.
Grayling recordó que la vida de Turing, al que a menudo se define como el padre de la informática moderna, «se vio ensombrecida por su condena por actividad homosexual», un castigo que hoy «se considera injusto y discriminatorio y que ha sido repelido». «Alan Turing se merece ser recordado y reconocido por su fantástica aportación a los esfuerzos de guerra y por su legado a la ciencia. Un indulto de la Reina es un tributo adecuado para un hombre excepcional», incidió el responsable de Justicia.
El primer ministro, David Cameron, dijo a su vez que el inglés fue «un hombre notable que desempeñó un papel clave para salvar a este país en la Segunda Guerra Mundial descifrando el código Enigma alemán». La máquina Enigma, inventada por el ingeniero alemán Arthur Scherbius, fue utilizada por los nazis para codificar mensajes durante la guerra contra los aliados en Europa.
El perdón a Turing culmina una campaña de varios años, apoyada por científicos como Stephen Hawking y que también incluyó una proposición de ley presentada en la Cámara de los Lores por el liberaldemócrata John Sharkey. En septiembre del 2009, el entonces primer ministro, el laborista Gordon Brown, ya se disculpó públicamente por la condena a Turing, que fue acusado en la época de «grave indecencia».
El científico Juan Luis Arsuaga defiende la investigación y el desarrollo de España durante la firma de un acuerdo por la I+D+i.EFE/Ballesteros
El colectivoCarta por la Ciencia, integrado por organizaciones relacionadas con la ciencia, investigadores y sindicatos, ha firmado un acuerdo con todos los grupos parlamentarios, excepto el Partido Popular y UPN, por el que se comprometen amejorar la situación de crisis por la que pasa la ciencia española.
VICKY BOLAÑOS19.12.2013 - 14:21h
Los cuatro ejes que han acordado los grupos parlamentarios y el colectivo Carta por la Ciencia son:recuperar la financiación pública que el Gobierno ha reducido desde 2009; eliminar los límites de la tasa de reposición de personal investigador del 10%; cumplir los plazos de las convocatorias de los Planes Estatales de Investigación y crear la Agencia Estatal de Investigación prevista en la Ley de Ciencia de 2011.
El portavoz de la Conferencia de Rectores (CRUE), ha sentenciado que la "actividad investigadora de calidad solo es posible si se invierte adecuadamente en ella, fundamentalmente en recursos humanos". Además, ha destacado que los colectivos implicados en la firma del acuerdo aspiran a que se tomen las "decisiones indispensables" para que España mejore su capacidad de I+D+i.
Por su parte, el PP ha asegurado que comparte lo "esencial" de este texto, pero no algunas concreciones en los puntos de financiación y la oferta pública de empleo: "Firmes o no firmes no se puede poner en entredicho el compromiso del PP con la ciencia", ha señalado a Efe Alejandro Fernández, portavoz de este grupo para temas de I+D+i.
Firmantes del Pacto por la Ciencia
Según defiende el colectivo de científicos, el acuerdo, que llevan persiguiendo cerca de diez años, "recoge el sentir ampliamente mayoritario de la comunidad científica". El presidente de COSCE, Carlos Andrada, así como el codirector del yacimiento de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga, han leído en el acto sendos textos en defensa de la investigación, el desarrollo y la innovación.
Carta por la Ciencia está formado por las organizaciones Confederación Española de Sociedades Cientificas (COSCE), la Conferencia de Rectores de Universidad de España (CRUE), CC. OO., UGT, la Plataforma de Investigación Digna (PDI), la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI) y la Asociación Nacional de Investigadores Ramón y Cajal (ANIRC).
Miembros de todos los grupos parlamentarios, a excepción del PP, han estado presentes en el acto. Por el PSOE, su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba y la portavoz parlamentaria, Soraya Rodríguez.
Por UPyD, la portavoz, Rosa Díez y el diputado Carlos Martínez Gorriarán; por el PNV Pedro Azpiazu; por Izquierda Plural el portavoz, Cayo Lara; por el Grupo Mixto, el diputado de ERC, Joan Tardà, la diputada del BNG Mª Olaia Fernández Davila, el diputado de CC-PNC, Pedro Quevedo o el diputado de Compromís-EQUO, Joan Baldoví.
“Con el más profundo disgusto hemos de manifestar a nuestros fieles diocesanos que Nuestro Santísimo Padre, el Papa León XIII [...] se ha dignado a condenar las dos obras del catedrático de la Universidad literaria de Barcelona, Dr. D. Odón de Buen, tituladas Tratado elemental de Geología y Tratado elemental de Zoología [...]. Por tanto, en cumplimiento de Nuestro Pastoral Ministerio hacemos saber a nuestros amados fieles que no es lícita a ningún católico la lectura y retención de dichas obras, y al autor de ellas, que según nuestras noticias fue regenerado en Cristo por el Santo Bautismo, exhortamos que retire de la circulación las obras mencionadas, retracte los errores que en ellas se contienen y se sujete humildemente a la autoridad de la Iglesia, como cumple a los deberes que contrajo al entrar en el gremio del Catolicismo. Asimismo ordenamos a cuantos tengan en su poder ejemplares de los citados libros, los entreguen inmediatamente a sus propios párrocos o en Nuestra Secretaría de Cámara, a fin de que sean inutilizados según derecho”, exigía el obispo de Barcelona, Jaime Catalá y Albosa, el 11 de septiembre de 1895.
El horrible pecado de Odón de Buen, pionero de la oceanografía y de la divulgación de la ciencia, había sido defender las teorías de Darwin en la España de finales del siglo XIX. En su Tratado elemental de Zoología aparece uno de esos supuestos “errores” que perseguían el Papa y el obispo. “Que la organización del hombre está sometida a las mismas leyes biológicas que rigen todas las organizaciones animales es un principio tan axiomático que sería ridícula la simple duda”, explicaba su manual para estudiantes.
“Odón de Buen es un personaje desconocido y olvidado, injustamente desconocido y olvidado. Su apuesta política, su muerte en el exilio, su republicanismo insobornable ha impedido que en España su recuerdo esté vivo”, lamenta el periodista Antonio Calvo Roy, que acaba de publicar una monumental biografía del personaje, 150 años después de su nacimiento. De Buen, nacido en 1863 en el pequeño pueblo zaragozano de Zuera, fue, según enumera Calvo Roy, “alumno brillante, catedrático en Barcelona y Madrid, concejal del ayuntamiento de Barcelona y senador, impulsor de la oceanografía en España, figura de relevancia internacional y preso político canjeado”.
Proteger los océanos
De Buen, doctor en Ciencias Naturales, dirigió con 22 años el primer laboratorio español de biología marina, instalado en una fragata, y acabó fundando el Instituto Español de Oceanografía en 1914, para estudiar los mares. También fue un pionero de lo que hoy llamamos ecologismo. “Sufre ahora la Humanidad enormes trastornos económicos. Se afanan los Gobiernos todos por el aumento de los recursos alimenticios temiendo grandes catástrofes si no aumentaran. El mar es una fuente inagotable de alimentación sana, barata, que incesantemente se renueva; pero hace falta reglamentar sabiamente su explotación y sin la base de los estudios oceanográficos no podrá adelantarse un paso, corriendo el grave riesgo de secar la fuente en vez de aumentar su caudal”, escribió. Sin embargo, sólo ahora, casi 70 años después de su muerte en el exilio, en México, en 1945, su figura empieza a ser recordada.
Odón de Buen, con su característico bigote, en una campaña oceanográfica /
Calvo Roy detalla en su libro, Odón de Buen: Toda una vida, las razones de este olvido, que más bien se podría definir como un sepultamiento intencionado. “Odón de Buen era un catedrático muy conocido y muy activo en la propagación de sus ideas políticas, sociales y científicas. Y esa actividad tenía en guardia a las fuerzas más conservadoras, sobre todo a los católicos, que trataban por todos los medios de acallar la voz de De Buen”, recuerda el periodista.
El catedrático de Historia Natural de la Universidad de Barcelona se había propuesto divulgar el progreso que supone la ciencia para la sociedad, en un país sumido en la superstición. “Habrá quien piense que mal se compagina la severa misión del profesor con la candente lucha del propagandista callejero”, escribía. “No os extrañe, amigos míos, que ponga el empeño de popularizar la Ciencia aun por encima de mi labor universitaria; la necesidad impone en España esta preferencia, que a muchos podrá parecer un sacrilegio”.
En medio de un búnker antidarwinista
En pos de este fin, De Buen pisó todos los callos que podía pisar, hasta llegar a los del papa León XIII. Así, en una velada librepensadora organizada en Sabadell por logias masónicas el Jueves Santo de 1894, el científico tomó la palabra para proclamar que “la mujer española tiene facultades para ser un agente poderoso de progreso si se la arranca de las garras del fanatismo religioso y de la ignorancia”. Demasiado para la España de la época.
“La mujer española puede ser un agente poderoso de progreso si se la arranca de las garras del fanatismo religioso”, creía De Buen
De Buen era una excepción en la universidad española, convertida un búnker antidarwinista. Sobresalían personajes como Juan Vilanova, el padre de la Prehistoria en España, que se dedicó a intentardesmontar las teorías de Darwin armado con la Biblia. La Iglesia católica defendía desde hacía siglos que el ser humano había sido creado por Dios hacía 5.000 años, basándose en el relato bíblico, pero los geólogos comenzaban a desenterrar fósiles con muchos milenios más. Para gente como Vilanova, sin embargo, no había ninguna contradicción. “Moisés ni se propuso escribir un tratado de Geología, como ya dijimos, ni tampoco se dirigía a un pueblo de sabios para hablarles de estas concepciones filosóficas, que indudablemente los hebreos no hubieran comprendido”, afirmaba.
Para Odón de Buen, sin embargo, eso era fanatismo, y por denunciarlo junto a otros escasos profesores fue perseguido. “Según el art. 11 de la Constitución, la Religión Católica, Apostólica y Romana es la del Estado. Ahora bien; los Sres. Morayta, Chamorro, Odón de Buen, Salmerón y demás catedráticos impíos, ¿son o no parte del Estado? Si no lo son, ¿para qué y por qué los paga el Estado? Si lo son, ¿cómo se les consiente que expliquen contra la Religión Católica, Apostólica y Romana? Si el Estado es Católico, insultar su Religión es insultarle a él mismo. Luego los que lo insultan en este concepto, además de impíos, son facciosos y rebeldes”, clamaba el periódico católico La Lectura dominical, en diciembre de 1894.
Frente a “la artillería católica”
Calvo Roy recuerda “el momento idóneo y la excusa adecuada para lanzar toda la artillería católica y conservadora contra este catedrático tan disoluto que no bautizaba a los hijos, que era impío, masón, republicano y, en definitiva, una gran amenaza”: la entrada de sus tratados de Geología y Zoología en el Índice de Libros Prohibidos. La presión de los diarios católicos arreció. El obispo de Barcelona pidió su cabeza tras pedirle “abominar de sus errores y sujetarse humildemente a la autoridad indiscutible del Vicario de Dios en la tierra”, ya que sus libros molestaban a “la mayoría de los españoles, que gracias a Dios son católicos”.
Los estudiantes de De Buen fueron a apedrear el palacio episcopal cuando se planteó su suspensión como catedrático
Y el 7 de octubre de 1895, el diario La Unión Católicaanunció que el ministro de Fomento había ordenado la retirada de los libros de Odón de Buen y su suspensión como catedrático. “El día 7 de octubre los estudiantes, tras asistir a la clase de De Buen y acompañarle a su casa, decidieron pedir cuentas al rector y, después, apedrear el palacio episcopal”, escribe con humor Calvo Roy. Unos 300 estudiantes acompañaron al catedrático desde la Universidad hasta su casa, gritando “¡Viva la libertad!”, “¡Viva la enseñanza libre!”, “¡Viva Odón de Buen!” y “¡Muera el obispo!”, “¡Muera la religión!”. La orden de suspensión del profesor no llegó a publicarse.
Era “anticlerical, pero no antirreligioso”, explica Calvo Roy en la biografía, editada por Ediciones 94. El propio De Buen se definía a sí mismo como “libre-pensador, pero no traga-curas”. Sus críticas no hacían ascos a otros credos: “Sin duda hay en la religión de Mahomed, como en todas las religiones, más indiferentes que convencidos y más fanáticos que sabios”.
La peligrosa palabra con e
En 1936, tras el golpe de Estado que desató la Guerra Civil, Odón de Buen acabó en la cárcel. A sus 74 años, enfermo de diabetes y medio ciego, pasó un año encerrado con más de 300 personas, casi todas presos políticos, en un antiguo convento de Palma de Mallorca. Y allí escribió sobre sí mismo: “Era el paladín en la cátedra, durante cuarenta y cuatro años, de las ideas y de los descubrimientos asombrosos de la Biología y me atrevía a defender que el hombre descendía del mono. Eso me lo echó en cara un joven falangista que habló conmigo por azar en la cárcel”.
De Buen con su esposa y sus hijos, no bautizados /
“Si pensamos que en 1971 Félix Rodríguez de la Fuente hubo de eliminar de un programa de televisión la peligrosa palabra con e, como decía Stephen Jay Gould, evolución, es posible apreciar lo moderno que era De Buen o lo antigua que se volvió España con el franquismo”, reflexiona Calvo Roy.
“Es necesario reivindicar a esa generación de científicos a los que la Guerra Civil truncó la vida y la muerte, su memoria y su recuerdo. España quedó quebrada entonces y de esa ruptura intelectualmente telúrica nos ha costado mucho levantarnos. Que se sepa que si nos levantamos es, también, gracias a que muchos Odones de Buen empiedran el camino, están ahí abajo, sepultados bajo nuestros pies. Hora es de pulir esas piedras, una a una, y ponerlas en el lugar que les corresponde”, reivindica el autor.
Musicos callejeros llevando el absurdo a su máximo: le cantan a Ana Botella en las pruebas para ser aceptados como músicos callejeros. Los que los examinan se mueren de risa. España una vez más poniendo barreras para discernir a los que están dentro de los que están fuera. No llega como dicen los músicos la lógica de la gorra. No, la autoridad pertinente quiere, exige su permiso para algo tan trivial como cantar en la calle. Imagínate como será el resto: instituciones oficiales, organismos varios. La ley de "El que obedece no se equivoca". ¿Os quedaba alguna duda de porqué este país nunca sale del mismo agujero?
Esta vez no se me ha pasado, como en el post sobre caos: se cumplen 50 años de la aparición del artículo “The evolution of altruistic behavior“, de William D. Hamilton [American Naturalist97, 354-356 (1963)], tres breves páginas que adelantaban un trabajo fundamental de la biología teórica: “The genetical evolution of social behavior“, publicado a principios de 1964 y escrito en realidad antes de la nota de 1963 a la que me refiero. Bill Hamilton tenía entonces 27 años y acababa de consagrarse, con el trabajo de su tesis doctoral, como el teórico de la evolución más importante de la segunda mitad del siglo XX. Pero ¿de qué va esto del comportamiento altruista, y por qué es un problema?
Como ya he dicho otras veces, Darwin fue una de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad y, con todo y eso, no fue capaz de resolver un grave problema de su teoría de la evolución: la existencia de comportamientos altruistas. Así describía sus dificultades al respecto en su libro “The Descent of Man“, de 1871 (la traducción es mía): “Aquél que está dispuesto a sacrificar su vida (…), en vez de traicionar a sus camaradas, a menudo no dejará descendencia que herede su noble naturaleza. Por tanto, parece prácticamente imposible (…) que el número de hombres dotados de tales virtudes (…) se incremente por selección natural, es decir, por la supervivencia de los más dotados.” Por decirlo mal y pronto: los buenos y generosos se extinguen debido a esas mismas características. ¿Por qué, entonces, hay una mayoría de gente que se comporta bien con los demás, incluso con los que no conoce y no volverá a ver? ¿Por qué ocurre esto en muchas especies, en particular entre los insectos, en las que hay castas enteras de individuos estériles que se limitan a defender a otros? ¿Cómo se puede explicar evolutivamente el altruismo?
La trayectoria que llevó a Hamilton a abordar este problema no es precisamente la habitual. Nacido en Egipto en 1936, de padres neozelandeses, se crió en Inglaterra, donde a los 12 años ya demostró su carácter intrépido cuando casi se mata al jugar con unas viejas latas de explosivo que había encontrado (perdió falanges de varios dedos y tuvo secuelas en los pulmones). El lugar donde se encontraba más feliz era en el campo, entre plantas e insectos, y muchas veces dormía al raso. Como por otro lado le gustaban las matemáticas, se decidió por estudiar genética en Cambridge, donde encontró a Fisher, una de las grandes influencias de su carrera, más por su libro The Genetical Theory of Natural Selection que por interacción personal. Sin embargo, Fisher y sus ideas no eran precisamente lo mejor visto en Cambridge, y como acostumbraba Hamilton emprendió su propio camino… en solitario. Los biólogos rechazaron ayudarle, porque hablar de la genética del comportamiento en los años 50 se consideraba poco menos que apología del nazismo y finalmente recaló, muy apropiadamente para este blog, en la London School of Economics, bajo la supervisión de Norman Carrier, del departamento de Demografía Humana, que parecía ignorar a partes iguales las dificultades del problema que ni Darwin ni sus discípulos habían logrado resolver, y su mala prensa entre los biólogos.
El trabajo de Hamilton es una primera explicación de la viabilidad del comportamiento altruista, restringida al caso en que los beneficiados comparten genes con su benefactor. Pero ojo con el calificativo ‘restringido’, porque el avance que suponen las ideas de Hamilton es descomunal. Después de todo, ¡en cien años no se había registrado avance alguno! Ese gran salto, la gran idea de Hamilton, fue generalizar el concepto que se venía manejando en evolución, el de fitness (no tengo traducción para esto, ni la usaría aunque la tuviera; Wikipedia propone aptitud). La fitnessde un organismo viene a ser, básicamente, el éxito reproductivo de cada ser vivo: cuántos más descendientes deja, más fitness. Así definida, está claro que realizar actos altruistas reduce lafitness, y con ello la probabilidad de que si hay un gen responsable de esos comportamientos, se pueda propagar a la siguiente generación. Lo que Hamilton hizo fue mostrar que, si se redefine la fitness para incluir a la descendencia de los parientes, es decir, de los individuos relacionados genéticamente con uno, el problema simplemente desaparece.
Es interesante, para entender estas ideas, fijarse en un problema concreto, de los que molestaban sobremanera a Darwin: la existencia de insectos estériles que ayudaban a otros de la colonia. ¿Qué sentido tienen estos individuos de fitness cero? La respuesta a esta pregunta la da la extraña estructura genética de muchos insectos del género Hymenoptera, llamada “haplodiploidía“. Las hembras nacen de huevos fecundados, y (como nosotros) son diploides, tienen un juego de cromosomas de la madre y otro del padre. Los machos, en cambio, sonhaploides: nacen de huevos no fecundados y sólo tienen un juego de cromosomas, el de la madre. Por tanto, las hembras comparten un 50% de los genes de la madre, pero el 100% de los del padre (el único cromosoma de éste pasa entero a la descendencia), por lo que entre ellas, entre las hermanas, comparten el 75% de sus genes, más que una hembra con su propia descendencia, que como ya hemos dicho es el 50%. Por tanto, y simplificando un tanto, no reproduciéndose y ayudando a sus hermanas a sobrevivir “ayudan” a más copias de sus genes. Así pues, el planteamiento del problema en términos de genes revela que el supuesto altruismo de las obreras estériles no es tal, sino que está orientado a propagar sus propios genes.
Pero Hamilton no se detuvo ahí, sino que desarrolló toda una teoría matemática en la que detallaba sus ideas sobre su nuevo concepto. En su cálculo entraba el descenso de fitness que supone a cada individuo un acto altruista y el incremento de fitness que tal acto proporciona al receptor. El resultado es que si el beneficio (B), ponderado por la relación genética entre altruista y receptor (r), es mayor que el coste del acto (C), los genes responsables de ese comportamiento pueden aumentar en las siguientes generaciones: la famosa regla de Hamilton de la selección de parentesco, rB>C. Otros grandes habían intuido la importancia de esa visión genética, como Haldane cuando dijo en 1930 “Daría mi vida por dos hermanos u ocho primos”, pero nadie había sido capaz de formalizarlo y entenderlo como Hamilton.
La publicación del trabajo de Hamilton no fue fácil, y de hecho tiene su morbo. Después de que dos evaluadores no fueran capaces de entender el artículo, el editor de Journal of Theoretical Biology envió el artículo a John Maynard-Smith, discípulo de Haldane, que sí logró entenderlo aunque con bastante esfuerzo, y recomendó aceptarlo con revisiones y dividirlo en dos partes, una más expositiva y una más “dura” matemáticamente. Maynard-Smith estaba trabajando sobre el concepto de selección de grupo, en lo más alto de la polémica por entonces, y el resultado de Hamilton acabó de inspirarle. Así, en 1964 publicó en Nature “Group selection and kin selection“, dónde mostraba que aquella solo era posible bajo condiciones muy restrictivas y exponía la viabilidad de la selección de parentesco, utilizando por primera vez el nombre “inclusive fitness“, como se ha conocido desde entonces a la fitness generalizada de Hamilton. Entretanto, Hamilton trabajaba en la revisión de su artículo, y como su beca se terminaba, y tenía que publicar, escribió una nota de tres páginas que envió a Nature y que fue rechazada, apareciendo finalmente en American Naturalist hace cincuenta años.
Las dificultades no sólo acompañaron la publicación del artículo de Hamilton, sino que ya no abandonaron a su idea central. La visión de la evolución centrada en los genes están en la base del famoso libro de Dawkins, “El gen egoísta“, en el que plantea que el gen, y no el individuo, es realmente la unidad de selección sobre la que actúa la evolución. El éxito de ventas del libro hizo muy popular el concepto, pero a la vez empezó a crear polémicas y divisiones en las que se mezclaba hasta el marxismo con la biología. Y la verdad es que el concepto de inclusive fitnesstiene sus detractores hasta hoy: en 2010, Nowak, Tarnita y Wilson publicaron un artículo en Nature en el que pretendían desmontar la teoría de Hamilton, que fue inmediatamenterespondido por más de 160 biólogos de primera línea (Nowak y Wilson vuelven esta semana a la carga y es de suponer que recibirán otra respuesta masiva). Entre discusión y discusión, en estos cincuenta años la regla de Hamilton y la selección por parentesco han contribuido a entender muchas aparentes paradojas de la evolución e incluso se han confirmado recientemente en el medio salvaje en un estudio de adopciones entre ardillas rojas.
En cuanto a Hamilton, el artículo de 1963 solo fue el principio de una larga serie de contribuciones fundamentales a la teoría evolutiva, entre las que destaca su siguiente trabajo sobre tasas de sexos extraordinarias, es decir, especies en las que el número de machos y hembras no está en relación 1:1. No sólo abrió una nueva área de investigación, sino que introdujo el concepto de “estrategia invencible”, que posteriormente Maynard-Smith y George Price (un personaje que tiene también mucho que ver con Hamilton y que merece un post por sí sólo; hay una reciente biografía aquí, de la que he tomado algunas ideas para este post y donde se cuenta, por ejemplo, que Hamilton llegó a exigir a Nature que publicaran un trabajo de Pricepara autorizarles a publicar otro suyo, ya aceptado) formalizarían como “estrategia evolutivamente estable“, que en muchas ocasiones coincide con el concepto de equilibrio de Nash. Y, como sabía que su inclusive fitness sólo explicaba el altruismo hacia los parientes, siguió estudiando el tema y de nuevo obtuvo otro resultado pionero con el politólogo Robert Axelrod, con el que publicó “The evolution of cooperation“, artículo del que, para apreciar su influencia, diré sólo que tiene casi 24000 citas, y me dejo hablar del tema para otro post.
Hamilton era un genio. Publicó poco, se prodigaba lo justo en el papel couché de la ciencia, siguió encontrándose mejor en el campo que escribiendo artículos, pero todo lo que publicaba eran ideas y líneas de investigación nuevas y fundamentales. Murió como buen altruista: para investigar el origen del virus del SIDA, y la hipótesis de que se hubiera originado en ciertas vacunas de polio, hizo una expedición al Congo para investigar poblaciones de primates, contrajo la malaria y murió en Londres en 2000, a los 64 años. Quién sabe qué más hubiera hecho si hubiera vivido; pero lo que nos dejó es ya impresionante.
Es la historia del cazador cazado. O del científico que lleva a cabo tantas investigaciones que al final acaba convirtiéndose en su objeto de estudio. Una tarde de octubre de 2005, James Fallon estaba observando tranquilamente escáneres de cerebros de asesinos en serie. Sólo estaba haciendo su trabajo, que consistía en buscar un punto común en el cerebro de los psicópatas. Lo que no sospechaba era que descubriría que él mismo era un asesino en potencia.
Fallon estaba analizando miles de imágenes de cerebros de asesinos, algunos de ellos esquizofrénicos o depresivos, y otros con cerebros normales. Así, contó al Smithsonianque "por azar, también estaba realizando un estudio sobre el Alzheimer, y en ese contexto, tenía encima de la mesa escáneres de mi cerebro y de toda mi familia".
En ese montón de escáneres de su familia, descubre uno que le llama la atención. En ese escáner, las zonas del cerebro ligadas a la empatía, a la moralidad y al autocontrol muestran una actividad débil… Son esas zonas las que juegan un importante rol en la psicopatía. Inmediatamente, se pone a verificar si no se trata de un error. Pero no, no hay ningún error.
HORROR, UN PSICÓPATA EN LA FAMILIA
En ese caso, no hay secreto que valga. Bajo el anonimato, se decide a comprobar de quién es ese cerebro. Y cuando pensaba que nada podía ir a peor… resulta que el cerebro… es el suyo. No puede entenderlo, y llega a poner en tela de juicio sus propias investigaciones:
“Nunca he asesinado ni violado a nadie. Así que, la primera cosa que pensé fue que mi hipótesis podría ser falsa, y que esas zonas del cerebro no reflejan la psicopatía ni un comportamiento asesino”.
Entonces James Fallon se dispuso a realizar otras investigaciones sobre psicopatía neurológica y comportamental, además de pruebas genéticas. El resultado: alelos que predicen un fuerte potencial agresivo, violento y carente de empatía. No hay forma de volver atrás, por lo que acaba admitiendo que es un psicópata.
VALE, UN PSICÓPATA, PERO DE LOS BUENOS
Sí, de los buenos. A lo que llamamos "psicópata prosocial", es decir, alguien a quien le cuesta ser empático pero que mantiene un comportamiento social aceptable.
¿Cómo explicar que alguien con un cerebro de psicópata no sea violento, sino estable, y que además triunfe como científico? James Fallon explica que el diagnóstico a menudo es difuso: algunos psicópatas no matan, simplemente tienen comportamientos psicopáticos.
Vale, pero ¿cómo conseguiría atenuar su comportamiento psicopático y no los otros? Es ahí cuando hace referencia a su entorno, especialmente familiar, él que en una época se consideró puramente determinista.
"Me querían, y me sentía protegido", explica con sencillez. Sin olvidarse de añadir una dosis de libre albedrío: "desde que descubrí todo esto, me he esforzado por intentar cambiar mi comportamiento. De forma consciente, he hecho cosas que se consideran buenas acciones, y he pensado más en los sentimientos de los demás".
En lugar de guardarse todo esto para sí mismo, James Fallon ha dado una entrevista en la radio, e incluso ha escrito un libro, The Psychopath Inside. Pero, atención, precisa: "no hago esto porque de repente me haya vuelto simpático; hago esto por orgullo, porque quiero mostrar a todo el mundo y a mí mismo que puedo salir de esta".
Al final, él mismo admite que en realidad no se llevó una sorpresa. Siempre ha sabido que le encantaba manipular a la gente. Y entre sus ancestros hay unos cuantos asesinos, siete en total, como la célebre Lizzie Borden, acusada del asesinato a hachazos de su padre y de su suegra en 1892.
Para concluir, recordaremos que Le Gorafi, la web que publica información ficticia, ya había titulado así un artículo: "Una criminóloga descubre que ella misma era la responsable de seis asesinatos, tres atracos y dos secuestros". Como vemos, la realidad a veces supera la ficción.