lunes, 23 de febrero de 2026

La representación exige responsabilidad compartida

"Soy independentista, pero no me avergüenzo de representar a gente de fuera de mi nación" El titular es maravilloso. Te ahorra leer el resto. La contradicción aparece cuando la identidad nacional se concibe como un elemento excluyente que determina todas las decisiones políticas, porque en ese caso resulta imposible representar de forma equilibrada a quienes no pertenecen a esa nación. También surge cuando el representante no comparte riesgos, costes ni consecuencias con las personas a las que dice representar, ya que la representación democrática exige una cierta simetría en el destino político. La incoherencia se hace evidente cuando el proyecto independentista defendido por esa persona perjudica directamente a quienes afirma representar, pues no se puede sostener simultáneamente un programa que daña a un grupo y, a la vez, afirmar que se actúa en su beneficio. La contradicción se intensifica cuando la lealtad institucional entra en conflicto con la lealtad nacional y esta última se impone, porque dos fidelidades incompatibles no pueden cumplirse al mismo tiempo

Un parásito vive a costa del hospedador. Su supervivencia depende de extraer recursos del otro, aunque eso perjudique al organismo que lo alberga. Por tanto: no comparten destino, no comparten riesgos, no comparten intereses y el éxito del parásito suele implicar un coste para el hospedador. En esas condiciones, hablar de “representación” es imposible. La representación exige lealtad mínima, responsabilidad compartida y algún grado de alineación de intereses.

Cuando en un país coexisten dos morales que no solo son distintas, sino abiertamente incompatibles, la representación política se vuelve problemática porque cada una de ellas define de manera diferente qué es el bien común, qué decisiones son legítimas y a quién se debe lealtad. En ese contexto, un representante que pertenece a una de esas morales y afirma representar también a quienes viven bajo la otra se enfrenta a una contradicción inevitable. No puede satisfacer simultáneamente a dos sistemas de valores que se excluyen mutuamente, porque lo que para un grupo es justo para el otro es injusto, y lo que uno considera progreso el otro lo interpreta como una amenaza. La contradicción se hace aún más evidente cuando el representante actúa según su propia moral, ya que cualquier decisión tomada desde ese marco perjudicará necesariamente a quienes se rigen por la moral contraria. Además, cada moral establece un horizonte distinto de consecuencias aceptables, de modo que el representante no puede alinearse con ambos sin traicionar a uno de ellos. La idea misma de comunidad también se fractura, porque cada moral define de forma diferente quién forma parte del “nosotros” y qué obligaciones existen hacia los demás. Cuando la lealtad última del representante está anclada en una de esas morales, su compromiso con quienes pertenecen a la otra se vuelve puramente formal, sin sustancia real. En ese escenario, la representación se convierte en una ficción, porque no se puede servir a dos concepciones del mundo que se niegan mutuamente.

¿Qué ocurre cuando los principios morales de un grupo ya no están al mismo nivel que el otro? 

Cuando los principios morales de un grupo dejan de estar al mismo nivel que los del otro y pasan a estar subordinados, ocurre algo muy profundo: la relación deja de ser simétrica y deja de existir un espacio común donde ambos puedan reconocerse como iguales. En ese momento, la convivencia ya no se basa en un acuerdo compartido sobre lo que es justo, legítimo o deseable, sino en una jerarquía moral en la que uno dicta y el otro obedece. La moral dominante se convierte en la medida de todas las cosas, mientras que la subordinada queda reducida a una posición marginal, tolerada solo en la medida en que no desafíe el orden impuesto. Esto genera una situación en la que el grupo subordinado vive en un marco normativo que no ha elegido y que no refleja sus valores, de modo que sus intereses, sus prioridades y su visión del bien común quedan sistemáticamente desatendidos.

En este escenario, la representación política se vuelve problemática porque el grupo subordinado no puede esperar que sus principios sean tomados en serio por quienes operan desde la moral dominante. Las decisiones se justifican desde un sistema de valores que no reconoce la legitimidad del otro, y por tanto el grupo subordinado queda atrapado en un orden moral que no le pertenece. La subordinación moral implica que, incluso cuando se habla de igualdad formal, en la práctica uno de los grupos carece de la capacidad real de influir en las normas que rigen su vida. La contradicción aparece cuando se pretende que ambos grupos compartan un mismo proyecto político, cuando en realidad uno de ellos vive bajo una moral ajena que no le ofrece ni protección ni reconocimiento. En ese punto, la idea de representación se vacía de contenido, porque no se puede representar de manera auténtica a quienes viven bajo un sistema moral que no se considera válido ni equiparable al propio.

Oficios infames

El cuadro del Infierno es un óleo sobre lienzo del siglo XVII, atribuido al Hermano Hernando de la Cruz, uno de los grandes maestros de la Escuela Quiteña. La obra original fue realizada alrededor de 1620, y aunque hoy se exhiben facsímiles del siglo XIX pintados por Alejandro Salas, el diseño y composición responden fielmente al original.

 Se encuentra a la derecha de la entrada principal, siendo la primera pintura que recibe al visitante, lo que no es casual: su función era moralizante, un recordatorio inmediato del destino de los pecadores.

Me hacía gracia que uno de los oficios que se encontraban en el infierno era el del de registrador de la propiedad. El autor, del siglo XVII, no llegó a conocer la ANECA, si no hubiese añadido un nuevo penitente como "Evaluador de la ANECA".

El evaluador de la ANECA está reflejado en el chiste del remero incompetente

De reivindicación a cosmovisión

 Recomendable artículo de Juan Manuel Blanco. Un extracto:

"De reivindicación a cosmovisión El feminismo histórico surgió en el marco del liberalismo político con un objetivo justo y legítimo: la igualdad ante la ley de mujeres y hombres. Sin embargo, una vez alcanzadas sus metas en las democracias occidentales, el movimiento no desapareció ni trasladó sus reivindicaciones con la misma intensidad hacia países donde aún permanecía la discriminación legal. Al contrario, una corriente mayoritaria se reconfiguró radicalmente, adoptando rasgos de cosmovisión moral, con unos dogmas que encontraron terreno muy fértil en sociedades modeladas por la estructura simbólica moral cristiana. Porque este nuevo feminismo reproducirá ciertos esquemas morales heredados del cristianismo. Una de las aportaciones más originales e influyentes del cristianismo es la centralidad de una figura muy concreta: el inocente que sufre injustamente y es elevado a la condición divina. La víctima se convierte así en criterio último de la verdad moral. Esta dualidad víctima-divinidad, conforma una estructura moral que marcó profundamente la sensibilidad occidental. El sufrimiento injusto no solo conmueve: legitima. La víctima inocente parece tener razón, incluso antes de argumentar, porque cuestionarla se percibe como agresión. El feminismo transformado en cosmovisión replica este esquema: la mujer aparece como víctima estructural inocente y, al mismo tiempo, como sujeto moral privilegiado, en contraposición al varón, un colectivo opresor, cuya culpa heredada merece castigo. Esta nueva pseudo religión laica arraigó fácilmente en sociedades que atravesaban una secularización acelerada, donde los referentes morales tradicionales se habían atenuado, la brújula personal interior se había oxidado y el individuo buscaba orientación en identidades colectivas. Porque estas creencias no convencen en el plano de la razón; seducen en la esfera de la emoción."

Lo exponencial explica porqué el tiempo se acorta cuando envejeces

 La ley de Janet dice que cuando tienes 5 años, un año es el 20 % de tu vida. Y cuando tienes 50 años, un año es solo el 2 % de tu vida. Esta es una explicación de por qué el tiempo parece acelerarse a medida que envejeces. Se llama la ley de Janet. Afirma que has experimentado aproximadamente la mitad de tu vida percibida a los 20 años. O, dicho de otra forma: las vacaciones de verano para un niño de 5 años se sienten tan largas como los 10 años que van de los 40 a los 50. El tiempo se acelera al envejecer porque tienes menos experiencias nuevas, así que tu cerebro borra los recuerdos.



lunes, 16 de febrero de 2026

La dictadura de la minoría intolerante

Taleb plantea una idea sorprendente: en muchas sociedades, no manda la mayoría, sino una minoría muy pequeña… siempre que esa minoría sea inflexible. No se trata de poder político ni de violencia, sino de asimetrías en la toma de decisiones. Una minoría que no cede jamás puede terminar imponiendo sus preferencias a una mayoría que sí está dispuesta a ceder.

Si una persona solo come comida halal y los demás no tienen problema en comer halal, entonces toda la comida servida será halal, incluso si solo una persona lo exige porque es más fácil para la mayoría adaptarse que obligar a la minoría a renunciar a su regla estricta.

Este tipo de situaciones se repite en muchos ámbitos: alimentación, normas sociales, lenguaje, regulaciones, productos comerciales, etc. La clave es la asimetría. Para la minoría intolerante, ceder es imposible o inaceptable. Para la mayoría flexible, ceder es barato o irrelevante. Resultado: La opción preferida por la minoría se convierte en la opción por defecto para todos.

Si no se entiende este mecanismo, se corre el riesgo de que decisiones colectivas importantes queden secuestradas por grupos muy pequeños.

Es muy curioso que la intolerancia esté en relación con la posibilidad de crecer, de expandirse. Pero ¿Qué ocurre cuando ya hemos ocupado todo el espacio?

La dictadura de la mayoría intolerante

Obviamente, para que esa dictadura tenga sentido en su intolerancia debe de perseguir con saña al disidente que atente contra su integridad. Al mismo tiempo, bajo su paraguas, empiezan a surgir organizaciones que aunque no atenten contra la integridad del conjunto si empiezan a reclamar parte del espacio para ellas mismas. Existe una gran variabilidad, pero bajo el manto de una organización única. Con el paso del tiempo, al perder la capacidad de luchar por el espacio, esa organización única empieza a no ser capaz de perseguir con saña a quien atente contra su integridad. ¿Puede ser este el mecanismo que condenó a la irrelevancia al Imperio Chino? ¿O qué explique la pérdida de capacidad de reacción de la Iglesia Católica frente al protestantismo?


viernes, 6 de febrero de 2026

Siempre hay que preguntar por el origen del dinero

 ¡Bravo! por el catedrático de la Universidad de La Laguna, Ernesto Pereda de Pablo: "Llevo más de veinte años colaborando con universidades de muchos países y jamás me habían propuesto cobrar a través de un paraíso fiscal" y quien estaba detrás de esa financiación extraña era Epstein. Ahora cabe preguntarse ¿Quién le daba el dinero a Epstein?