miércoles, 10 de diciembre de 2025

Los peligros de la dependencia

La dependencia implica dominar la conciencia

Eso se puede lograr de diversas maneras. Tantas como relaciones de "colaboración" existan. Dominar la conciencia exige bloquear o modificar las comunicaciones del agente sobre el que quieres dominar, parasitar o "colaborar". Pongo colaborar entre comillas porque el que domina la conciencia hace que pierdas capacidad como agente independiente. Ejemplos: el apicultor que ahuma la colmena está saturando el olfato de las abejas para que no puedan percibir las feromonas de alarma que secretan las abejas encargadas de vigilar la colmena. De esa manera, el apicultor puede obtener toda la miel que quiera sin que la colmena se organice para impedir el robo.

Otra manera es pervertir la ley para que el robo se convierta en transacción. Por ejemplo el chiste del genio que te concede tres deseos y tu primer deseo es tener siempre la razón -¡Concedido! te quedan dos deseos- dice el genio -¿Dos? ¿Dirás ocho? Me quedan ocho deseos... Hay que ser muy inteligente para darte cuenta de que el truco no está elegir bien, sino en pervertir en tu beneficio la propia regla. Importante, cuando el genio te da la posibilidad de elegir, en ese momento, no hay nada ni nadie entre tú y tu petición. No hay jefes. La inteligencia es darse cuenta de la importancia de ese momento. Cuando no hay jefes tu puedes ser el jefe. 

La importancia de quién es el jefe

Ser jefe es importante para tener autonomía operativa, es decir, no tener que rendir cuentas a nadie y poder organizar según tus propios intereses y es importante para tener una continuidad en el tiempo y en el territorio. Vamos a ver como San Josemaría Escrivá se dio cuenta de lo importante que era no depender de obispos para poder llevar a cabo su obra, su Opus Dei.

Una prelatura personal es una figura jurídica de la Iglesia Católica creada para organizar y prestar atención pastoral a grupos de fieles con necesidades específicas, no delimitada por un territorio geográfico, sino por personas (una profesión, nación, etc.), permitiendo una misión especializada que complementa a las diócesis, y bajo la jurisdicción de la Santa Sede y un Prelado, a quien los fieles se someten en lo relativo a esa misión particular, aunque siguen perteneciendo a su diócesis local. Es una forma flexible y novedosa que ideó el Concilio Vaticano II para dar respuesta a nuevos desafíos pastorales, permitiendo una organización jerárquica centrada en la misión y las personas, no en un área geográfica. 

Características principales: Naturaleza: Es una circunscripción eclesiástica, similar a una diócesis, pero "personal" en lugar de "territorial". Fin: Cumplir una tarea pastoral o misionera peculiar que no encaja en la estructura diocesana ordinaria, como la distribución de sacerdotes o la atención a grupos específicos. Jurisdicción: El Prelado tiene autoridad sobre los fieles en lo que se refiere a la misión de la prelatura; los fieles siguen dependiendo del obispo diocesano para los demás asuntos. Miembros: Pueden vincularse clérigos y laicos, y su pertenencia se define por circunstancias comunes (profesión, origen, etc.). Regulación: Se rige por estatutos aprobados por la Santa Sede y por los cánones 294-297 del Código de Derecho Canónico.

Ejemplo: El Opus Dei es la única prelatura personal existente en la actualidad, establecida para promover su misión evangelizadora. El papa Francisco modificó la figura de la prelatura personal. Bajo su pontificado, se han realizado modificaciones clave para armonizar su figura con el resto de la organización eclesial:

Asimilación Jurídica: Un motu proprio de agosto de 2023 estableció que las prelaturas personales se asimilan a las asociaciones públicas clericales de derecho pontificio.Vínculo de los Laicos: Se ha explicitado que los laicos de una prelatura siguen perteneciendo y dependiendo jurídicamente de su obispo diocesano local. Liderazgo: El prelado ya no será nombrado necesariamente obispo, subrayando su papel como ordinario de una estructura de servicio pastoral. 

La evolución de la figura de la prelatura personal muestra que, más allá de los aspectos técnicos del Derecho Canónico, lo decisivo es comprender la lógica institucional que la hizo posible. En este sentido, resulta evidente que el fundador del Opus Dei supo leer con gran lucidez el mapa de poder eclesial: entendió que una misión universal, transversal y no territorial difícilmente podría desarrollarse si quedaba sometida a la autoridad cambiante y heterogénea de los obispos diocesanos. Su apuesta por una estructura “personal” —no territorial, no dependiente de un obispo local y directamente vinculada a la Santa Sede— fue una jugada estratégica que garantizó autonomía operativa, coherencia interna y continuidad en el tiempo.

Las reformas recientes del papa Francisco, que reubican jurídicamente a las prelaturas y matizan su alcance, no hacen sino confirmar la relevancia de aquella intuición inicial: la discusión sobre “quién es el jefe” no es un detalle administrativo, sino el núcleo de cómo se articula la autoridad, la misión y la identidad de una institución dentro de la Iglesia. En última instancia, la prelatura personal fue una solución brillante para asegurar una misión estable y global, evitando la fragmentación que habría supuesto depender de múltiples obispos con criterios pastorales distintos.

Nature is healing

Me encuentro con este comentario en X de la usuaria 
@eudtoxic
, el equivalente femenino de un criptobro:

"La libertad de la mujer no destruyó al mundo, destruyó a los hombres fracasados. 

El machismo sirvió por siglos para que hombres poco inteligentes puedan seguir reproduciéndose, hoy en día NO va a seguir pasando esto, y les explico por qué:

👉 Por muchos años, como la mujer no tenía igualdad jurídica ni los mismos derechos que los hombres, tenía que casarse con un tipo que la explotaba, y así era como los hombres fracasados conseguían pareja. 

Esto siguió siendo así hasta el siglo pasado: la mujer aceptaba casarse con cualquier inútil que la usaba de empleada doméstica 14 h por día, mientras que él laburaba 8 h y aportaba su sueldito con el que se mantenía la casa y no mucho más.

Es más, había hombres con un sueldo híper mediocres que esperaban que la mujer trabajara afuera de la casa en alguno de los pocos trabajos mal pagos permitidos a mujeres, y además se encargara de todo lo doméstico…

Bueno, los sigue habiendo. Porque ahora la mayoría de los sueldos de los tipos NO alcanzan ni siquiera para mantener un estándar bajo de vida. No pueden ni irse de la casa de los padres. 

La diferencia es que como ahora la mujer puede estudiar y trabajar, no necesita casarse con esos tipos que la van a explotar para que sea empleada doméstica y ADEMÁS labure 👈

Puede elegir vivir sola, o criar hijos con otras mujeres si eso desea, y casarse q con tipos que valgan la pena y compartan la carga doméstica además de tener un sueldo decente. 

Es el fin de los hombres mediocres y fracasados. Ya no se van a reproducir.

Nature is healing".


Estoy de acuerdo con lo que dice, por que tiene una lógica de "selección natural" aplastante. Las mujeres compiten por hombres "tipos" que valgan la pena y compartan la carga doméstica además de tener un sueldo decente. Concluye certeramente que "Es el fin de los hombres mediocres y fracasados. Ya no se van a reproducir." Las mujeres compiten por esos hombres y los hombres crearon sistemas patriarcales para dominar las conciencias de las mujeres y garantizarse un lugar en el mundo al lado de un útero con los que crear una familia. 

El error de este razonamiento es pensar que hombres y mujeres somos individuos sin pensar que somos parte de un sistema mayor que nosotros mismos. Me explico: El planteamiento de @eudtoxic es provocador y útil para evidenciar cómo la ampliación de derechos transforma las dinámicas de pareja y desmonta privilegios que antes estaban garantizados por estructuras patriarcales. Sin embargo, su lógica se queda corta si se interpreta únicamente como un proceso de “selección natural” entre individuos. Las relaciones humanas no se dan en un vacío biológico, sino dentro de sistemas económicos, culturales y simbólicos que moldean quién puede estudiar, trabajar, independizarse o construir un proyecto vital. Reducir el fenómeno a “mujeres eligiendo mejor y hombres mediocres quedando fuera” ignora que todos —hombres y mujeres— somos producto de un entramado social que distribuye oportunidades de manera desigual. La verdadera transformación no depende solo de quién “vale la pena”, sino de cómo reorganizamos colectivamente las condiciones que permiten a cada persona desarrollarse, responsabilizarse y relacionarse en igualdad.

Si se lee en clave histórica, el argumento de @eudtoxic sobre la “selección” social de ciertos tipos de hombres se vuelve aún más claro cuando se incorpora la dimensión estructural de la dependencia. Durante siglos, la organización patriarcal no solo reguló la economía doméstica o la distribución del trabajo: también moldeó la conciencia, es decir, la forma en que hombres y mujeres entendían su lugar en el mundo. La dependencia femenina —jurídica, económica y simbólica— no surgió espontáneamente, sino como un mecanismo que permitía a los varones asegurar su posición dentro de la familia y compensar el hecho biológico de no ser quienes gestan.

En ese sentido, el patriarcado funcionó como un sistema que garantizaba a muchos hombres un acceso asegurado a pareja, descendencia y estatus, incluso cuando sus capacidades o aportes eran limitados. No era solo una cuestión de “hombres mediocres reproduciéndose”, sino de estructuras que producían y legitimaban esa mediocridad al domesticar la conciencia femenina y restringir su margen de elección. Por eso, cuando las mujeres acceden a educación, autonomía económica y libertad jurídica, no solo cambian sus preferencias individuales: se desmantela el sistema que sostenía artificialmente la posición de muchos hombres.

Así, el error de interpretar este fenómeno únicamente como una “selección natural” entre individuos es no ver que la verdadera selección siempre fue sistémica: un entramado de normas, roles y dependencias que definía quién podía formar familia, quién tenía valor social y quién quedaba excluido. Lo que está colapsando hoy no son los hombres en sí, sino el sistema que los colocaba en un lugar asegurado dentro de la familia mediante la dependencia de la mujer.

¿Todas las grandes religiones son patriarcales?

Históricamente las grandes religiones nacieron en sociedades patriarcales: Judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo, budismo, confucianismo…

Todas surgieron en contextos donde: La autoridad política era masculina; la familia era patrilineal; la herencia pasaba por los varones y la vida pública estaba reservada a los hombres. Por tanto, las estructuras religiosas reflejaron ese orden social. Esto no significa que la religión “inventara” el patriarcado; más bien, lo institucionalizó y lo sacralizó. La autoridad religiosa formal ha sido mayoritariamente masculina. En casi todas las tradiciones: Los sacerdotes eran hombres; los intérpretes de la ley eran hombres; los líderes espirituales eran hombres y los textos sagrados fueron escritos, compilados o canonizados por hombres. Esto generó una asimetría de poder que se transmitió durante siglos. La religión funcionó como un mecanismo de legitimación del orden social porque las normas religiosas solían reforzar: La autoridad del padre; la subordinación de la mujer; la división sexual del trabajo; la dependencia económica femenina y la regulación del cuerpo y la sexualidad de las mujeres. Es decir, la religión no solo reflejó el patriarcado: lo justificó. Dentro de cada religión hay corrientes, resistencias y reinterpretaciones. No existe una única versión de cada tradición. En todas hay: Mujeres líderes; reformas internas; lecturas igualitarias; movimientos feministas religiosos y relecturas críticas de los textos. La religión no es un bloque monolítico; es un campo de disputa.

¿Las religiones animistas son patriarcales?

No necesariamente, pero muchas sí lo son, y otras muestran estructuras más igualitarias o incluso matrilineales. La clave es que el animismo no es una religión organizada, sino un conjunto de prácticas espirituales muy diversas, ligadas a pueblos indígenas, sociedades tribales y culturas preestatales. Por eso, no existe un único modelo.

El animismo refleja directamente la estructura social del grupo que lo practica. Si la sociedad es matrilineal el animismo tiende a ser más igualitario. Si la sociedad es patrilineal el animismo tiende a ser patriarcal. No hay un “dogma” que imponga jerarquías: la espiritualidad se moldea según la organización social, no al revés.

Dependencia estable en el tiempo es la clave de la aparición de los estados

La cultura estatal necesita de relaciones de dependencia estables en el tiempo. Es por ese motivo que las sociedades patriarcales tuvieron tanto éxito.

La cultura estatal —desde sus primeras formas en Mesopotamia hasta los imperios clásicos— necesitó siempre relaciones de dependencia estables, previsibles y transmisibles para sostener impuestos, herencias, propiedad, linajes, autoridad y control social. En ese contexto, el patriarcado ofreció una arquitectura perfecta: una jerarquía doméstica clara, un jefe de familia responsable ante el Estado, una división sexual del trabajo que aseguraba reproducción y producción, y un sistema de obediencias que podía replicarse generación tras generación. Por eso las sociedades patriarcales tuvieron tanto éxito: no porque fueran biológicamente inevitables, sino porque eran funcionales a la lógica del Estado, que necesitaba unidades familiares disciplinadas, roles fijos y dependencias duraderas para garantizar estabilidad política y económica. El patriarcado no solo organizaba la familia; organizaba la sociedad entera en torno a relaciones de autoridad que el Estado podía aprovechar, reforzar y administrar.

Culturas solares vs. culturas lunares: ¿por qué unas desplazaron a otras?

La distinción entre culturas solares (más jerárquicas, guerreras, patriarcales) y culturas lunares (más agrícolas, cíclicas, asociadas a lo femenino) es un marco interpretativo clásico en antropología, historia de las religiones y mitología comparada. No es literal —no existieron “religiones del sol” contra “religiones de la luna”—, pero sí describe dos formas de organizar el mundo. Y aquí viene lo importante: Las culturas solares triunfaron porque eran más funcionales al Estado, la guerra y la expansión territorial. No porque fueran “mejores”, sino porque encajaban mejor con las necesidades de las sociedades complejas. Las culturas solares eran más compatibles con el Estado ya que el estado necesita: jerarquías claras; autoridad centralizada; obediencia vertical; transmisión patrilineal de bienes y apellidos; control de la reproducción y la familia y dependencia estable en el tiempo. Las culturas solares —con dioses masculinos, reyes-sacerdotes, linajes patrilineales y estructuras militares— ofrecían exactamente eso. Por eso se expandieron con rapidez.

Las culturas lunares estaban más ligadas a ciclos naturales y a la vida comunitaria ya que eran más igualitarias; tenían roles femeninos fuertes; estaban vinculadas a la agricultura y la fertilidad; funcionaban en clanes, aldeas y linajes maternos; no tenían estructuras militares centralizadas. Eran sociedades comunitarias, no estatales. Cuando aparecieron los primeros Estados (Sumer, Egipto, Indoeuropeos, Imperios del Bronce), estas culturas quedaron en desventaja. Las sociedades cuya estructura era matrilineal, es decir, el linaje de los hijos era femenino, solían tener cultos relacionados con el ciclo menstrual, es decir, ciclos de 28 días, como los ciclos lunares.

La guerra favoreció a las culturas patriarcales

Cuando las sociedades desarrollaron estructuras jerárquicas militares, con el aumento de poder masculino, las sociedades se convirtieron en patrilineales y pro natalidad. Cuantos más hijos más poder. Las sociedades en las que las mujeres controlaban la natalidad fueron sociedades sin estado, sociedades en las que las mujeres después de destetar a sus hijos amamantaban crías de mamífero para evitar volver a embarazarse tan rápido. Esas crías de mamífero comenzaban un proceso de domesticación porque por apego comenzaban a vivir cerca de los humanos y a abandonar la vida salvaje. En Ecuador tenemos un sitio arqueológico en donde se puede apreciar la superposición de un culto solar inca sobre el primitivo centro de culto lunar de los cañaris, sometidos por este pueblo procedente de Cusco.

Ingapirca simboliza la transición a un nuevo orden. Los incas, un pueblo militar, con un culto solar, conquistaron a los cañaris. El templo dedicado a la Luna de los cañaris fue cubierto con piedras de manufactura inca imperial, son piedras unidas sin argamasa, de una factura tecnológicamente superior. A la entrada al templo existe un dintel que enmarca un hueco en la mampostería por el que se observa las piedras del antiguo templo de los cañaris. Es un ejemplo de sometimiento cultural. Lo solar y patriarcal se sobrepone a lo lunar-matriarcal.

Las sociedades solares: tenían ejércitos permanentes; podían movilizar hombres bajo una autoridad única; organizaban la violencia de forma eficiente; expandían territorios y sometían pueblos vecinos. L
as culturas lunares, más descentralizadas, no podían competir militarmente.

El patriarcado organizó la conciencia Las culturas solares: definieron roles rígidos; sacralizaron la obediencia; legitimaron la autoridad masculina; convirtieron la dependencia en virtud; controlaron la sexualidad y la reproducción. Esto generó estabilidad social, que era exactamente lo que el Estado necesitaba.Las culturas solares patriarcales desplazaron a las culturas lunares más igualitarias porque ofrecían una estructura de poder más útil para el Estado, la guerra y la expansión. No fue un triunfo “natural”, sino sistémico. El patriarcado se impuso porque organizaba: la fuerza; la herencia; la obediencia; la reproducción; la conciencia y eso era oro puro para las primeras civilizaciones estatales.

Los peligros de la dependencia

Hoy en día, la humanidad se enfrenta a una crisis ecológica alarmante. Al mismo tiempo, nos están preparando para una futura guerra. Esta ceguera se deriva de los peligros que entrañan las relaciones de dependencia. Esos peligros son: Uno, la necesidad de tergiversar la realidad para acomodarla a las necesidades de la élite, y el peligro aquí estriba en que la realidad es tozuda y acaba por imponerse, muchas veces con un coste elevado por no haber visto y entendido las señales. Dos, la existencia de una élite que dependa del mantenimiento de una jerarquía, porque hará todo lo necesario para mantenerse en esa posición de privilegio, y cuando digo "lo necesario", esa palabra encierra en si mucho peligro. Tres, las élites globales, aquellas que mandan por encima de los países, gobernaban con la política de las cañoneras. Hoy en día, además del músculo militar, en donde ciertos países son más competitivos que otros, existe un músculo financiero, que obliga a la mayoría de las personas y países a contraer deuda y a tener que bailar la música que les tocan. En el siglo XIX bastaba con que un explorador informase de la existencia de ciertos yacimientos y riquezas para que las potencias coloniales se pusieran en marcha para obtenerlas. Hoy en día, las redes sociales informan a un fondo buitre de oportunidades de compra en el mercado inmobiliario de Parla, en tiempo real. Ser prestamista obligaba a conocer las capacidades de endeudarse y de responder por esa deuda de sus clientes. El conocimiento exhaustivo de nuestras vidas ha hecho que los usureros "tensionen" bienes básicos. Lo más seguro no es tener el dinero en un banco sino en deuda de las familias que moverán cielo y tierra para pagar gastos médicos, estudios o la casa donde viven. Por último, la asimetría reproductiva entre mujeres y hombres ha dinamitado la homogamia en la que hemos vivido en las sociedades patriarcales. La homogamia es la tendencia en sociología y biología a formar parejas o matrimonios con personas que comparten características similares, como nivel educativo, clase social, etnia, religión o lugar de origen, y se opone a la heterogamia (uniones mixtas). Es un hecho que  las parejas en las que ellas tienen mayor nivel educativo o mayor estatus que ellos no gustan, ni a ellos ni a ellas. Y en la actualidad hay muchas más mujeres en la universidad que hombres. A nivel de individuos, existe una dependencia que ha tornado en neodarwinismo y mercado. Es un tema delicado porque entran los derechos de las personas, los principios morales y la lógica implacable de la reproducción. Lo mismo que la biología tiene planos: el plano genético, el de la célula/individuos y el plano social, todo lo que atañe a las personas implica ser muy cuidadoso con lo que decimos.

Nacimiento de los supraestados

Según James C. Scott, los primeros estados no nacieron de la agricultura en general, sino de la posibilidad de cobrar impuestos fácil y de forma fiable gracias al grano. Si el estado aparece cuando se establece un relación de dependencia estable, en estos momentos estamos viendo cómo aparecen supraestados ligados a cierta  idea de relación étnica y homogeneidad cultural y religiosa. América, Asia, eslavos, Europa... Los africanos y los latinoamericanos sueñan con una unión, pero carecen de la capacidad de hacer frente a los grandes supraestados ya establecidos. Las políticas se tendrán que diferenciar entre niveles de integración, lo mismo que ocurre en la biología. 

El nacimiento de los supraestados tiene la misma dinámica que ocurrió en los primeros seres pluricelulares -estoy pensando en Myxococcus y Dyctiostelium-: había una carrera por la autonomía operativa, coherencia interna y continuidad en el tiempo. Aquellas células que se convirtieron en germinales, lograron que toda esa organización pluricelular trabajase para su continuidad en el tiempo. 

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